De tránsfugas, clientelismo y cultura política
El transfuguismo está, en el gobierno del Presidente Martinelli, más de moda que nunca. Inclusive está a su máximo nivel, comparado a otras épocas y gobiernos. No recuerdo, ni he encontrado en los libros de la historia, ninguna Asamblea Nacional donde siete diputados, otrora legisladores, se hayan cambiado de bando, y dicen que vienen más. Inclusive, en el gobierno anterior, el hoy Ministro de Comercio, llamó travesti político a un Diputado de Aguadulce, en ese entonces miembro de su partido, por irse al también entonces gobernante PRD. ¿Ahora serán travestis políticos los diputados que se van al CD?
Lo malo, y feo de todo esto, es el pésimo ejemplo que se le da la juventud. Los jóvenes pueden llegar a ver que el transfuguismo como algo normal y tradicional en la política criolla, cuando no lo es, especialmente cuando es inaceptable, intolerable, y además, éticamente incorrecto.
Es imposible que los hoy diputados cambien de tolda política lo hagan por razones ideológicas, ya que el partido gobernante no lo es, ni lo será. Es un partido que se creó para llevar a su presidente y fundador, a ser Presidente de la República, ni más ni menos. Tampoco pueden argumentar que es debido a que el gobierno lo está haciendo bien, en un momento donde el Presidente tiene su peor momento y evaluación en las encuestas, y aunque tiene logros tangibles, han cometido el peor error, mucho mayor que cualquier magna obra o proyecto social, que es herir nuestros valores democráticos con libertad, haciendo con el estado derecho lo que les convenga.
Estoy claro que los cambios de posturas, convenientes, vienen desde los tiempos de José Fouche, pasando por un Mussolini que no se formó en el Fascismo si no en el Socialismo, y donde ni Fidel tuvo sus raíces en el marxismo leninismo. Pero ojo, todos quedaron y quedarán mal posicionados en la historia.
Es por esto que aplaudo los que creen en visiones ideológicas, que excelente imagen y ejemplo le dan a jóvenes y una esperanza al pueblo en general, como Konrad Adenauer, Arístides Calvani, Jacques Maritain, entre otros, quienes si quedarán en la historia como hombres ejemplares, fieles a sus pensamientos, y entendieron que la política está subordinada a la ética.
En conclusión el transfuguismo, además de la corrupción y las promesas sin cumplir, son los peores ejemplos que se le da al pueblo, dándole a la política el poco honroso título de tratarse de una actividad sucia. La solución a esto, es la participación de gente buena que entre por las razones correctas a la política, especialmente de aquellos que dicen que no quieren participar por la razón que la política esta “desprestigiada”. Los invito a limpiarla pues! ¿O es que la política se limpia sola?
