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Debacle ambiental en La Chorrera

Por: Redacción 10/03/2015

Ingeniero agrónomo, especialista en ciencias animales.

El señor Gonzales cultivó con amor sus palmas en el centro de La Chorrera, al oeste de la ciudad de Panamá, en la provincia de Panamá Oeste, con el sueño de que en su jubilación pudiera disfrutar en las tardes calientes de la deliciosa agua de sus frutos, igual sembró granadilla y guayaba taiwanesa. Durante un tiempo disfrutó de los cocos y pipas, pero en un momento dado, hace como 10 años, grupos de ardillas acabaron con su sueño, le mataron la ilusión y no lo dejaron disfrutar ni uno solo de los frutos de la guayaba ni de la granadilla, a tal punto que su bienestar se ha desmejorado notablemente; un sueño se volvió una pesadilla.

A otra persona al nordeste en otro distrito, Arraiján, igual en la provincia de Panamá Oeste, un tipo de serpiente no habitual le mata tres animales bovinos muy costosos, de la raza senepol.

En otra situación, una joven familia se muda a una barriada en la parte norte del distrito de La Chorrera con el afán de lograr bienestar y fundar una familia, pero este sueño se esfumó cuando unos molestos temblores no los dejaron dormir, trataron de adaptarse, pero los temblores continuaron y dañaron sus viviendas. Igual le sucedió a la señora Celia, quien con esmero hace sus quehaceres mientras temblores molestos les destruyen su bienestar día y noche, y un smog molesto le daña su salud y la de su familia. Al final Tío, un delgado perro criollo, le ladra al cielo buscando un enemigo que teniéndolo al lado no puede ver ni atacar.

Estas crónicas reales ilustran un mismo dilema, la destrucción ambiental. El afán de industrias foráneas y malos ciudadanos hacen que industrias peligrosas para la salud dañen el bienestar de humanos y animales por el vil dinero que no se llevarán y que a sus hijos les servirá para curarse de las enfermedades causadas por sus progenitores, empresas como la termoeléctrica y las canteras nos dan un beneficio mínimo directo a nuestro pueblos de Panamá Oeste, mas sí una gama de perjuicios que van desde enfermedades respiratorias hasta el ataque de animales inadaptados al destruirse su hábitat, dado que en el caso de la primera los constantes temblores de hasta 3 grados en la escala de Richter, aunado a la contaminación aérea que destruye los caminos de las aves viajeras y las vuelve adictas a zonas de confort perjudicial para estas, como lo son las fumarolas donde estas ven más fácil subir por ese foco de contaminación que las “ayuda” a lograr alturas en vez de seguir las corrientes calientes ascendentes naturales, destruye el ambiente natural de distintas clases de animales, lo que hace que migren buscando nuevas zonas de confort en el caso de los temblores o matándose con el smog del bunker que destruye sus defensas y la producción de huevos y polluelos; y en el caso de la segunda, las canteras, las constantes detonaciones y el polvo destruyen pulmones, viviendas humanas y el bienestar de animales y humanos.

Ahora bien, ¿en qué nos benefician estas industrias?, la termoeléctrica busca solucionar la demanda de energía eléctrica, aporta el 14% de la demanda de energía del país; sin embargo, todos los días hay apagones en los distritos tanto de Arraiján como de La Chorrera, se puede trasladar esta industria a otro lugar cercano de la playa, igual como está la termoeléctrica del Canal de Panamá y suplir más del 14% de la energía sin molestar a nadie y apoyándose de otras fuentes energéticas, aunque a decir verdad esta industria no debe o no debió ser establecida en Panamá, dado que tenemos muchas otras fuentes más rentables, ecológicas y económicas como la fotovoltaica y eólica, incluso nuevas tecnologías como la de la basura y los mataderos llamada producción eléctrica por biomasa, pero igual si se desea se puede mantener la industria, las fumarolas de smog de bunker se pueden canalizar y se lograría mayor eficiencia eléctrica y el resultado sería solo vapor de agua a la atmósfera y el carbono sobrante se puede utilizar como enmienda agrícola. En el caso de los temblores, este se puede corregir con muelles en los motores que evitarían los constantes movimientos de tierra, tal y como se hace en los países industrializados.

En el caso de las canteras, debemos recordar que las voladuras ya no son utilizadas en las canteras modernas, sino maquinarias que usan y reducen el polvo, en nuestro caso esta industria no nos beneficia, dado que las calles están mal, con huecos en muchas partes, los caminos productivos sin hacer y el material de construcción, todos los días, más alto el precio.

Debemos tomar cartas en el asunto, esto no es un asunto de unas cuantas personas, sino de todo un país, recuerden lo escrito en las Sagradas Escrituras, si arruinan la tierra, esta los arruinará a ustedes.

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Viernes 31 de julio de 2026

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