Debemos pensar y actuar como país adulto

Por: Redacción 02/10/2017

En verdad, estamos frente a uno de los retos más serios del siglo XXI. Todo indica, según la realidad nacional e internacional, que los problemas de orden económico, político y social se tornarán más críticos a partir del próximo año preelectoral 2018. Es necesario que los panameños (gobernantes y gobernados) nos acostumbremos a pensar y actuar como país adulto y saber que el Gobierno tiene la máxima responsabilidad por la buena marcha del Estado, que hay que exigirle el mayor rendimiento en eficiencia administrativa, así como la transparencia en todos los actos públicos.

Nos corresponde a los ciudadanos, empero, ser en todo momento celosos guardianes para que el Gobierno gobierne y no espere milagros. El país debe estar consciente de lo que es posible. En efecto, la política es el arte de lo posible tanto para el Gobierno como para la oposición. Por supuesto que la oposición debe vigilar con alto sentido patriótico y honestidad el cumplimiento y ejecución del programa del Gobierno y ejercer sin sometimiento ni temor su indeclinable función crítica. Es su deber y una necesidad del equilibrio político y del balance espiritual de la nación panameña.

Pero es importante señalar que ni el Gobierno ni la oposición siembren esperanzas sobre metas imposibles o inalcanzables. El realismo es indispensable tanto para el Gobierno como para la oposición. Lo que importa, sobre todo en tiempo de crisis como en el que vivimos, es la eficacia. En términos generales, eficacia no es más que el uso racional del factor más escaso de la vida: el tiempo, un recurso natural no renovable. Por supuesto que la eficacia es también el producto del método, del orden, de la disciplina; pero sobre todo es el resultado del gusto por trabajar honradamente y por hacer las cosas lo mejor posible.

Por otra parte, el Gobierno no debe acostumbrarse a atribuir sus errores al gobierno anterior o a la oposición (como habitualmente lo ha hecho este gobierno de "el pueblo primero" en el decurso de tres años y meses de gestión), y la oposición, a su vez, debe acostumbrarse también a separar los que sean propiamente errores del Gobierno, de todo cuanto sea consecuencia de las propias limitaciones del país en el recurso humano, en la capacidad organizativa y en la estructura del Estado.

En este mismo orden de ideas, conviene recordar que el aparato del Estado es pesado. Situarlo a una velocidad razonable, aligerar su gravedad, desgravarlo de la servidumbre de la ineficiencia, del clientelismo político y del paternalismo no es empresa fácil. Pero hay que hacerlo por el bien común, por la felicidad y por la paz social del pueblo panameño. Ya lo hemos dicho muchas veces, que el "arte de gobernar" es tarea difícil. Por eso es necesario que el gobernante (presidente de la República) sea una persona capaz en el más amplio sentido del vocablo.

En consecuencia, creemos oportuno señalar que el presidente Varela debe anunciar con firmeza algunos propósitos de ajuste, de rectificación de organismos, de eliminación de duplicidades en la administración pública y de aplicar sanciones ejemplares, sin contemplaciones, a todo acto de corrupción en su Gobierno, para depurarlo y para hacerlo más eficiente ante el clamor incesante de la ciudadanía a través de los medios de comunicación y de las encuestas periódicas de opinión pública.

*Pedagogo, escritor, diplomático.

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Lunes 13 de julio de 2026