Debemos recapacitar
He hablado sobre este tema y recalco para llamar la atención sobre nuestro comportamiento y los resultados que logramos alcanzar en las situaciones que aquejan al país. Nos hemos dado a la tarea de oponernos a todo. Basta que una autoridad diga si para que todos digamos no y eso acarrea una serie de inconvenientes porque nos hemos acostumbrado a ello. Los subalternos están contra los jefes desde que los nombran; los trabajadores están contra los empresarios; los sindicalistas están contra las autoridades y así nos vamos oponiéndonos a todo lo que sucede en el país. No puede ser que los de arriba, los que gobiernan o los que mandan en el momento hagan todo mal y queramos cambiar el ritmo de las situaciones.
Cada vez que alguien del gobierno da su opinión, salen a decir lo contrario; sin embargo, no pensamos en el daño que hacemos a todos en general porque no es posible que cada vez que el jefe habla, hay que darle la contra. No nos damos cuenta que perjudicamos los programas del país, a las condiciones de Estado y tiramos por la borda las intenciones de elaborar lo mejor. Si hacemos elevados que descongestionen el tránsito, no vemos adelante cuando esos elevados traigan el descongestionamiento para que los autos anden mejor; solo nos quejamos del momento sin ver el futuro y lo que ganaremos con esas construcciones. Nos quejamos por quejarnos, solo por llevar la contraria sin ver las condiciones positivas que alcanzaremos adelante. Podría hablar de los problemas que aquejan al país, pero no tengo el espacio.
Solo quiero solicitar a mis compatriotas que pensemos positivamente y esperemos los resultados de lo que hoy nos disturba; que analicemos lo que es un Estado porque no se puede complacer a todos y pensar como piensa cada uno. Seamos verdaderos panameños para tratar de ser tolerantes ya que solo nuestro querer es el que debe ponerse en práctica y no pensamos en el bienestar general. Por esto pienso que analizar antes de hablar, sería conveniente para permitir que los gobernantes gobiernen y guardar nuestras críticas para cuando llegue el momento real para hacerlo. No debamos callar y aceptar lo que se nos imponga. Creo conveniente la comprensión como base de la convivencia que traiga bienestar generalizado y poder decir: ahora si podemos trabajar en conjunto para el bienestar general y, cuando critiquemos, lo hagamos positivamente pero no lloremos por llorar sino guardar las lágrimas para cuando sean necesarias.
