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Dedicado a mi Padre, Julio Rangel, con cariño y amor


Es muy hermoso cuando al nacer las personas festejan alrededor de nuestra familia. Posteriormente, al cumplir el primer año se festeja con una celebración del primer año de vida, luego los procesos de la etapa de la vida como el crecer, ir a la escuela, forjarse como un verdadero niño de la escuela primaria y secundaria, son los momentos más importantes en nuestras vidas.

Lo fundamental de nuestras vidas es convivir hasta el ultimo día de nuestras vidas. Es agradable mencionar a una persona que a sus 92 años dedicó su vida con amor a su familia, trabajo y esfuerzo por dar lo mejor de sí. Mi padre fue una persona consagrada a sus notables principios de que primero era ayudar el hogar, luego, si se podía ayudar a las otras personas.

Desde que culminó su labor en la sección de Enfermería de Sanidad Militar, puesto que se desempeñó por años, fueron muchas personas que siempre lo buscaban para cualquier ayuda médica. Sus conocimientos nunca fueron olvidados. Sus esfuerzos por cultivar cada vez más lo aprendido como auxiliar y médico de enfermería dentro de la Guardia Nacional fue el mejor anhelo en su vida de ayudar a las personas.

Cuando se jubiló comenzó a vacacionar en la ciudad de Boquete y siempre lo hacía, ya que al culminar mis estudios primarios y secundarios viajábamos para descansar. Mi padre y yo nos íbamos a la montaña junto con mis tíos con quienes nos deleitábamos diariamente bajo el fresco agradable de las montañas cercanas al Volcán Barú, en Boquete. Mi padre Julio Rangel siempre me enseñó que debería ser una persona muy sencilla, agradable y con otras cualidades que serían de gran aceptación para muchas personas.

Pero a pesar de todo siempre nos enseñó lo mejor de su persona tanto a mí como a mi hermana (Teresita). La unidad entre nosotros fue el verdadero bastión que nos fortaleció cuando nuestro padre, para una navidad de 1994, perdió sus bellos ojos para siempre. Pero a pesar de que no veía su espíritu para desafiar la vida era muy grande.

Hoy a la edad de 92 años, un lunes 5 de julio del 2010, hace 24 días partió para la Patria celestial donde Dios lo recibió con una gran bienvenida. Siento en mi corazón un verdadero dolor, pero a la vez siento una gran alegría por Dios, me lo permitió compartir 92 años de edad.

Agradezco a todas las personas que acompañaron a mi padre hasta su última morada, como también en vida compartieron bellos recuerdos. Descansa en la Paz del Señor, querido Papá.