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Defectos, ¿sabemos disculpar?

Por: Redacción 23/11/2014

A raíz de un evento interactivo realizado en la sede de la ONU, Somos familia: educar a nuestros hijos para un mundo más seguro, para conectar a los jóvenes en todo el mundo, con motivo del Día Internacional para la Tolerancia (16 de noviembre), se me ocurre interrogarme e interrogar también al lector, si me lo permite, sobre esta cuestión: ¿Estamos preparados para disculpar los defectos de los demás? ¿Es necesario reparar en ellos? El aguante es esa sensación incómoda de que al final el otro pudiera tener razón.

Si en verdad queremos estar preparados para poder disculpar los defectos de los demás, hemos de tener claro y de reconocer los derechos humanos universales y la complejidad de los pueblos.

Por supuesto, si todos somos imperfectos y necesitamos de esa clemencia de nuestros semejantes, luego por la misma razón, hemos de tolerar los defectos del mundo, hasta poder encontrar la solución global que nos permita ponerles remedio.

Este es un gran reto en los tiempos reinantes, ya que en nombre de un falso concepto de disculpas o de tolerancias, en ocasiones, se termina persiguiendo a los que defienden la verdadera autenticidad del vínculo comprensivo que ha de unirnos en el viaje compartido hacia un futuro armónico y esperanzador para toda la especie.

No se trata de que olvidemos los defectos de los demás, sino de hacérselos ver, ayudándole a que pueda avanzar mediante nuestro incondicional apoyo tolerante. Hemos de cambiar actitudes, lo que requiere una educación en valores, y no solo en contenidos, para toda la humanidad.

Pienso, por tanto, que debemos seguir siendo fieles a los ideales trazados y que constituyen la esencia viva de la Carta de las Naciones Unidas y de la Declaración de Derechos Humanos, y entre estos valores está el de ser tolerantes, lo que establece una necesidad concluyente en un mundo tan interconectado como en el que vivimos.

La tolerancia no significa indiferencia ni aceptación desganada hacia el semejante, es una actitud ante la vida basada en la comprensión mutua y en el respeto al prójimo, para que se sienta próximo siempre, con la certeza de que la diversidad mundial hay que aceptarla y jamás temerla. Entiendo, en consecuencia, que cualquier acción puede ser tolerada, siempre y cuando la razón sea libre para poder cesarla. Quien no tolera la intolerancia tampoco es tolerante. Pongámonos, pues, todos con espíritu de alianza familiar para que al fin se familiarice la especie sin grilletes ni muros.

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Jueves 6 de agosto de 2026