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Defendamos la democracia profundizándola

Por: Redacción 04/12/2013

Juan Jované /Economista (opinion@epasa.com) / PANAMA AMERICA

Hoy son muchos quienes aseguran estar dispuestos a defender la democracia. Para los que tienen un sentido nacional, promueven la equidad social y procuran una relación armónica entre la sociedad y el medioambiente, esto resulta un deber ineludible frente a un régimen que cada vez se sostiene más en la desposesión, la rapiña, la corrupción, la carencia de equidad social, la degradación ambiental y la creciente represión de la población. Para otros, quienes no sienten escrúpulos al recurrir a la compra de votos, al pago por las firmas de adhesión o a declarar su apoyo paraesado a candidatos de los partidos tradicionales, manteniéndose siempre apegados al credo neoliberal, la democracia no significa más que un eslogan conveniente para lograr que en nombre de las transformaciones nada cambie, excepto el beneficiario del despojo. Por eso resulta necesario aclarar las cosas, separando el fruto de la paja.

EN UNA REAL DEMOCRACIA, PARA COMENZAR, SE DEBERÁ ASEGURAR A TODAS Y TODOS LOS CIUDADANOS EL ACCESO A LAS CONDICIONES MATERIALES BÁSICAS ESENCIALES PARA LOGRAR SU PLENO DESARROLLO.

La democracia verdadera, la que se centra en el desarrollo humano, entiende que su fin último es una sociedad solidaria y equitativa que permita el pleno desarrollo de todas las capacidades y potencialidades de cada uno de los hombres y mujeres que se relacionan en la misma. Para lograr esta democracia profunda y radical hace falta asegurar un conjunto de condiciones que superen la simple democracia acotada, deformada y formal que hoy caracterizan a la realidad panameña.

En una real democracia, para comenzar, se deberá asegurar a todas y todos los ciudadanos el acceso a las condiciones materiales básicas esenciales para lograr su pleno desarrollo. No es posible que las personas desarrollen sus potencialidades si carecen de elementos, tales como una alimentación apropiada, acceso al agua potable segura, suficiente educación y salud, una vivienda digna, medios de transporte eficientes y humanos, vestuario adecuado, un ambiente de seguridad ciudadana, así como el resto de las necesidades que aseguren una vida digna y prolongada, sostenida en el acceso al trabajo decente. Tampoco pueden desarrollar sus potencialidades humanas, quienes se encuentran sometidos a un régimen que los mantiene dominados, negándoles total o parcialmente sus derechos políticos y ciudadanos, a la vez que niega el desarrollo de la nación.

La democracia, por otra parte, no se puede reducir a un simple acto de delegación de la soberanía, dándole a esta apenas un carácter de representatividad, el cual, además, resulta viciado por el ejercicio del poder económico con el fin de asegurar el dominio político. El perfeccionamiento de las capacidades de los seres humanos en todos los planos se desarrolla en la práctica misma. Esto significa que la efectiva capacidad de autogobierno del pueblo solo es posible si se abren grandes avenidas para su participación activa y protagónica en todos los ámbitos de la vida social, es decir, tanto en el político como en el social y el económico. Se trata, por tanto, de construir una democracia participativa, deliberativa y protagónica.

Teniendo en cuenta lo anterior, es fácil concluir que la democracia panameña es todavía un ideal por construir, el cual pasa por superar las profundas inequidades y carencias económicas y sociales existentes en el país, las que, lejos de disminuir, se hacen cada día más grandes y escandalosas. Así mismo, se trata de la necesidad de refundar la nación en términos de la organización de la población y la generación de un marco constitucional que permita la participación protagónica de la población en el diseño y construcción del futuro de la población panameña.

Es así que la necesaria lucha por la defensa de la democracia no debe ser confundida con el paraés de mantener el status quo, es decir, procurar la continuidad de un régimen que en nombre de la misma busca mantener el dominio de los económicamente poderosos sobre el conjunto de la población. La tarea del actual momento es aprovechar y consolidar los escasos espacios democráticos existentes a fin de poner en marcha un proceso que apunte hacia la profundización de la democracia, esto es hacia la aplicación completa de su significado. No se trata, entonces, de intentar congelar la actual situación, se trata de profundizar la democracia hasta construir su significado más profundo y radical.

Este proceso no se logrará con los partidos políticos, cuyo real propósito es mantener la dominación de los menos sobre las mayorías. Tampoco lo lograrán quienes están dispuestos a entregar los movimientos de la sociedad civil a los candidatos de los partidos tradicionales, o a envilecer el ejercicio independiente de la política con las viejas prácticas de la oligarquía criolla. Se consigue con la conformación de un efectivo movimiento independiente de refundación nacional.

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Miércoles 12 de agosto de 2026