Defendamos la verdad

Por: Redacción 07/08/2011

Los recientes hechos sobre una intervención en el sistema electrónico de la seguridad del Estado y del ordenador del ministro de la Presidencia nos impulsan a deliberar sobre esta materia. Sostenemos que estamos frente a un acto de piratería barata, muy diferente a la de un experto que entraría a un sistema informático a través de códigos algorítmicos para alterar y extraer información, destruir bases de datos, cambiar contraseñas, transferir fondos, modificar presupuestos y crear el caos.

Y resulta además risible, por decir lo menos, que quienes supuestamente debieran proteger a los ciudadanos, no pueden siquiera cuidar sus propias computadoras. La gente se pregunta que si el aparato de seguridad básico del país es tan vulnerable y permeable como parece, ¿qué pueden entonces esperar de las demás instancias del Estado? Lo cierto es que los medios de comunicación han hecho fiesta de la información y han convertido a los detenidos en fuentes fidedignas y a ciudadanos inocentes en sospechosos. Y peor aún, han estigmatizado a una institución transparente como es la ACODECO, y la han querido transformar en centro de operación de una red de hackers, tal como lo publicó un periódico local.

Este manejo irresponsable de la información pone en evidencia que los medios no conocen el alcance de la situación ni mucho menos la gravedad del tema que manejan. Es lamentable el tratamiento que le han dado a este caso, y todo por el afán de la primicia, por mantener el tema en la palestra, por seguir una determinada línea editorial, por cumplir con compromisos de fuentes interesadas o, simplemente, por hacer periodismo. Los medios tienen el deber de divulgar la verdad, y evitar cultivar el morbo y especular sin medir consecuencias.

Resulta inconcebible que personas detenidas - y sus abogados - sean ahora fuentes de entero crédito, que las indagatorias a estos sujetos sean asumidas como ciertas, y que los periodistas no sepan discernir sobre una declaración “tras las rejas”, cuando todos sabemos que los privados de libertad son capaces de afirmar cualquier locura con tal de lograr su libertad o acortar su sentencia.

Por supuesto, es importante que las autoridades continúen con las investigaciones y den con la verdad de los hechos, pero hasta ahora pareciera que les es más fácil utilizar las páginas de los diarios y los noticieros de la noche para filtrar y manejar sus expedientes, como si los medios fueran tribunales de justicia. Cualquier persona que declare que la ACODECO o alguno de sus 540 funcionarios honestos sirvieron de vehículo para semejante acto, atentaría contra la verdad.

La ACODECO es una institución estatal que no posee sistemas sofisticados de computación y sus ordenadores son solamente para trámites internos. Señalarla o pretender vincularla como centro para delinquir contra la personalidad jurídica del Estado revela, no solamente el desconocimiento de la envergadura de esta acusación, sino la intención de provocar un daño a esta institución y a su personal. Además, no hay nada que revelen estos mitómanos implicados en el supuesto “hackeo” que enseñe pruebas, indicios o cualquier otra evidencia que involucre, en el mayor de los casos, los sistemas de computación de la ACODECO.

Utilizar los medios de comunicación para difundir este tipo de noticia, por parte de detenidos y abogados, nos enseña que se ha incumplido con un principio fundamental del periodismo, que es el de verificar la información. Cualquiera que sea la fuente, el periodista debe primero valorar y ponderar las aseveraciones de implicados que tratan primero de defenderse, sin importar a quien salpican con sus difamaciones. Concluimos que un periodismo honesto, serio y transparente requiere orientar a la audiencia para evitar que este tipo de cobertura produzca daños colaterales. Por tanto, es necesario la implementación inmediata en todos los medios de un defensor independiente, que asistido por la ética, la moral y el respeto a las personas vele porque estos hechos lamentables y que comentamos no perjudiquen a nadie inocente, y mucho menos la conciencia de la sociedad.

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Jueves 28 de mayo de 2026
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