Defensor del lector
Carta abierta: “reubicación”
Judith Martínez H., Administrativa CRU-Coclé.
Comparto esta nota que me fuera entregada el día viernes 8 de julio, cuando la misma fue enviada el día lunes 4 de julio al despacho del señor Rector.
La causal que utiliza el profesor Fulgencio Álvarez para solicitar mi "reubicación", estipula en su acápite "c" del artículo 75 del reglamento de Carrera Administrativa, "la incompatibilidad de caracteres", acápite que se utiliza cuando no se tienen argumentos para sancionar por faltas administrativas.
Soy funcionaria de la institución por 28 años y me trasladé del campus Harmonio Arias Madrid (ciudad de Panamá, Curundú) hacia el Centro Regional Universitario de Coclé, el 16 de septiembre de 2006, por asuntos familiares y cuando entraba la tercera administración del profesor Fulgencio, luego de una contienda electoral que ganó por milésimos de puntos. Durante el periodo de su administración que está por terminar, he recibido notas de felicitaciones y agradecimientos de su despacho y de profesores por el desempeño de mis labores administrativas.
Como en la contienda electoral que acaba de pasar no le apoye en su propuesta de reelección, consideré apoyar la propuesta del Dr. Eduardo Flores para Rector y la del profesor José Álvaro, para Director. Queda al descubierto que la misma es una persecución política, falta de tolerancia e irrespeto al libre pensamiento.
Esta clase de atropellos deben terminar en la Universidad de Panamá. Siempre que pasa una contienda electoral, los administrativos somos los perseguidos por nuestra posición. Soy una convencida que estos atropellos hay que pararlos, solo con el apoyo, el respaldo y la denuncia de estas situaciones de intolerancia podremos frenar el rencor y el "pase de factura".
Pataleo de ahogado
Rafael Solano, Docente Universitario.
El triunfo del doctor García de Paredes en las elecciones universitarias no fue sorpresa para la mayoría de los estamentos que integran nuestra primera casa de estudios superiores. Los resultados le otorgan un triunfo contundente del Dr. Paredes frente a su adversario Profesor Flores. El resultado proyecta de manera clara, la voluntad de la mayoría de los docente, estudiantes y administrativos su preferencia a que se reeligiera en su posición como rector del Dr. Gustavo García de Paredes. Por esta y otras razones, nos extraña las declaraciones formuladas por el candidato perdedor al tratar de empañar el proceso eleccionario universitario aduciendo que hubo irregularidades, lo cual es falso, lo cual para mi opinión constituye un pataleo de ahogado.
Estoy convencido que esta falsas argumentaciones esgrimidas por el Dr. Flores son producto de una persona el cual no a aprendido aun a perder, lo cual es un defecto humano que debe corregir.
Desvaneciendo lo histórico
Alberto Valdés Tola, Sociólogo.
En Panamá, parece existir una despreocupación desmedida por el cuido y preservación del patrimonio cultural arquitectónico. Entendiendo este último como las edificaciones socio-históricas de nuestra idiosincrasia panameña; lo que es, a su vez, un testamento material de la cultura de nuestra sociedad.
Edificaciones que cumplen con este carácter, al tiempo que se imponen espacialmente a la lógica turística-comercial que ha implementado el estado panameño en los últimos años, corren el riesgo de ser desmanteladas y demolidas. Por citar tan solo unos cuantos ejemplos, tenemos la embajada de EE.UU. y el Hotel Central en el Casco Antiguo.
De seguir y prosperar esta estrategia económica ahistórica, nuestro país perderá todos sus patrimonios arquitectónicos, los cual permiten nutrir el imaginario identitario del ser panameños. Ahora bien, posiblemente pueda partirse del supuesto que la restauración de estas joyas edificadas por hombres del pasado es demasiado costosa, dado al olvidado estado en que se encuentran hoy en día.
No obstante, recordemos que son símbolos patrios que conmemoran momentos memorables en nuestra historia patria; por ende, su legado merece ser preservado en los anales no de la memoria, la cual es poco fiable algunas veces, sino en su ubicación actual.
Algunos indolentes, patrimonialmente hablando, sostendrán que no es necesario entrar en esta lógica de la preservación cuando se puede construir un templo del consumo como lo son los malls, una cinta costera y turística o un rascacielos como los que están en boga. Los cuales se consideran edificaciones económicamente autosostenibles y viables en nuestro mundo progresista. Sin embargo, estos detractores desconocen el hecho de que un patrimonio restaurado y administrado bajo una lógica de museo (turismo histórico) puede ser tan rentable como los otros ejemplos.
Debemos abogar por nuestros patrimonios, a capa y espada, como lo harían de seguro los egipcios con sus pirámides, los franceses con sus avenidas parisinas, los españoles con su Alhambra, los italianos con sus coliseos, los griegos con su acrópolis, ente otros muchos ejemplos.
Que no nos pase como a los mexicanos con Tenochtitlán (ciudad Azteca), la cual fue demolida por los españoles para evitar que esta magnánima edificación siguiera evocando sentimientos patrióticos en el imaginario azteca.
El hombre y la naturaleza
Maximiliano Corradi, Colaborador.
¿Nos hemos hecho alguna vez la pregunta de por qué pájaros, ratones, cervatillos, liebres, al fin y al cabo todos los animales, huyen de nosotros, ya sea en la selva, en el desierto o en nuestros bosques y campos? ¿Es esto para nosotros “totalmente normal”? ¿Lo vemos como un comportamiento natural, como dado por la naturaleza? ¿O con qué justificamos esto?
Las formas de vida de la naturaleza, así también los animales, forman una unidad y están unidos entre sí comunicativamente.
A cientos y miles de kilómetros de distancia un animal sabe del otro; siente si al otro le va bien o si está sufriendo. Esa comunicación invisible ha sido demostrada de forma experimental.
Cuando a los hombres le fue confiada la Tierra con sus minerales, plantas y animales, es decir, fue puesta bajo su protección, Dios les enseñó las leyes de la vida, en las cuales también están contenidas las leyes de la naturaleza. ¿Pero qué ha hecho el ser humano con ellas?
