Defensor del lector
Calles que pasan inadvertidas
Aurora T. de Gutiérrez, Colaboradora.
Estimado periodista Gilberto Soto, Nación: el problema de nomenclaturas es mucho más grave. Existen en nuestra ciudad capital calles y avenidas que al ser planificadas y aprobadas, en las diferentes instancias gubernamentales, han sido nombradas y registradas con determinado nombre.
Posteriormente, se les denomina con otro nombre o número por alguna autoridad que decide llevar alguna secuencia numérica, luego se le da nombre de alguna persona a la que se quiere recordar, y después un ministerio, por alguna razón las denomina, registra, aprueba y publica en planos oficiales con nombres nunca usados ni conocidos por la ciudadanía, situación conocida tal vez sólo por alguno que va a realizar un trámite legal.
Esa situación lleva a que hoy muchos no sepan en que dirección viven legalmente, pues hoy su dirección tiene otra denominación.
La calle que conoció legalmente, con determinado nombre o número por cuarenta años, hoy legalmente se le registra ubicada en una vía con otro nombre; así, si su lote o finca fue registrado en el Registro Público en una calle "x" en 1955 y aun más en la actualidad, por ejemplo, si la traspasa a un nuevo propietario, en caso de trámite, como ubicada en vía con otro nombre... de todo ello se enterará cuando le rechacen un documento por nombre equivocado, por no se qué.
Otro caso podrá ser si alguien ve planos satelitales usados para guiarse con una dirección para enviar algo o llegar a una dirección, y lo hace con dichos planos, resultaría que el transportador conoce la dirección con otra denominación y además, oficialmente tiene otro nombre, por lo que no llegaría a su destino.
Lo cierto es que las nomenclaturas en nuestro país y en nuestra ciudad capital tienden a ser sin secuencia lógica ni numérica, siendo cada día más complicadas y comprometedoras.
¿Cuánto tiempo nos queda?
Amarillys Taylor S., Cirujana.
El pasado jueves 21 de julio, leyendo los comentarios del artículo "on line" de La Estrella sobre las exacciones de la policía contra los indígenas: disparos de perdigones, ataques de las tropas anti-motines a una mayoría de mujeres y niños desarmados, me he quedado boquiabierta ante la reacción de un lector que piensa que los compatriotas indígenas se aprovechan de nuestros impuestos sin producir nada; comentario que me sorprendió por su falta de empatía, su incultura y su crueldad hacia las personas a las cuales debemos tanto.
Sé por experiencia que los "panameños latinos" (los que no son indígenas ) son racistas y desprecian a los indígenas de cualquier etnia que sean.
El origen de este desprecio es la ignorancia del rol importante que desempeñan estas personas en la conservación del ambiente, en la ignorancia de que ellos son los únicos panameños que han tenido el valor, arriesgando su vida, de defender sus valores, su tierra, su manera de vivir que nos beneficia a todos.
Creo que nuestros indígenas, quizás sin saberlo cabalmente, han conservado para ellos y para el país los bosques, ríos, la naturaleza que nosotros los citadinos destruimos día a día, construyendo torres, calles innecesarias, manejando autos contaminantes, comprando alimentos envueltos en plástico, que contaminan mares y ríos.
Aunque no sabemos apreciarlo estos indígenas han prolongado nuestra estadía en este país que consideramos nuestro y que ellos han poblado durante siglos antes de la conquista española que nos introdujo aquí. Estos "servicios" que ellos prestan a la nación son impagables y sólo nos queda decirles: Gracias por estar aquí, gracias por hacer un país en donde quizás nuestros hijos podrán vivir y gozar de la naturaleza pródiga que nos rodea. Sigan aquí, acompañándonos, no nos dejen solos frente a la avaricia, y la codicia de nuestros gobernantes y algunos compatriotas.
Convención panameñista
Elis Caballero, Periodista.
Era una fiesta en el Roberto Durán, las banderas ondeando por todo el gimnasio, las murgas y tonadas no se hacían esperar con gente bailando. Con esto arrancaba la Convención Panameñista donde se escogió al actual vicepresidente y canciller Juan Carlos Varela, como presidente de esta colectivo hasta el 2016. Además se escogió una Junta Directiva conformada por Osman Gómez, Miguel Fanovich, Ramón Fonseca Mora, Beby Valderrama, Pancho Alemán, entre otros.
También se destacó la presentación de un video audiovisual que emitió una cronología de la vida política del actual Partido Arnulfista comenzando con el movimiento Acción Comunal que lideró el Dr. Arnulfo Arias Madrid.
Siguió una visión de los personajes que han ocupado la Presidencia de la República como Guillermo Endara y Mireya Moscoso, esta última como la primera mujer en ocupar el Palacio de las Garzas hasta llegar a la vice presidencia de Juan Carlos Varela.
Los arnulfistas durante esta convención dieron un sentido de lealtad hacia sus dirigentes y con la alianza de gobierno que busca un cambio para nuestros conciudadanos y un futuro para todos los que vivimos en Panamá.
Noruega: los “socialistas”
Isaac Bigio, Analista Internacional.
El laborismo noruego, que fue el blanco de los ataques del fatídico viernes 22, es el único partido que hoy gobierna a algún país del globo que fuese un fundador de la Internacional Comunista de Lenin y Trotsky en 1919. Ningún otro partido socialista electo hoy en cualquier rincón del planeta ha estado como éste, superando (aunque con interrupciones) los 60 años en el poder.
El ‘Arbeidespartei’ (Partido de los Trabajadores’) fue fundado en 1887 y 4 décadas después se convirtió en la principal formación política de Noruega. Tras distanciarse de la Internacional Comunista en 1923 fue girando hacia la socialdemocracia.
Anders Behring Breivik, el autor de la matanza de casi 100 compatriotas civiles suyos, pasó la mayor parte de su vida adulta en el ‘progresismo’. Si bien muchos querrán interpretar a la carnicería del viernes 22 como la acción de un ‘loco’, lo cierto es que también muestra que existe una tendencia dentro de la derecha xenofóbica legal hacia un nuevo tipo de terrorismo como el que se dio en Oklahoma (EE.UU.) en 1995.
