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Defensor del lector


El espejo chileno

Carlos A. Rosales P., Periodista

Siempre se toma a Chile como referente de desarrollo, pero su crecimiento económico es inversamente proporcional a su equidad social. El reciente conflicto estudiantil es la punta del iceberg de un sistema de exclusión social y política, sobre el que se sostiene el futuro de una educación cuya calidad fue lapidada en los sectores más bajos.

Los chilenos están hartos de mirar desde las butacas el espectáculo de una educación elitista.

Camila Vallejo simboliza una juventud impotente ante un Estado indiferente. Las instituciones democráticas no se pueden convertir en “muros de Berlín” que impiden el diálogo. No es posible que a los jóvenes más pobres se les niegue el derecho a participar activamente de la vida pública, y esa prerrogativa solo se extienda a quienes provienen de sectores más acomodados.

En Chile se perdió gradualmente el derecho a una educación pública y de calidad, y en algunos casos se transformó en una estafa al por mayor.

Camila Vallejo propone una reforma tributaria que permita financiar la gratuidad de la educación pública y una redistribución del ingreso. Un plebiscito generaría dos debates: la gratuidad de la educación escolar y el fin de la administración municipal de las instituciones educativas públicas.

En los últimos años la oferta educativa universitaria chilena aumentó en desmedro de la calidad. ¿Cómo romper ese círculo vicioso que termina beneficiando injustamente a quienes más tienen y que castiga a las familias con menos recursos a endeudarse?

El Senado chileno aprobará una ley que pretende hacer cumplir la prohibición del lucro en las universidades privadas e incluye una rebaja del interés en los créditos estudiantiles. Mi posición es que los sectores más acomodados sí deben pagar por su educación y superar los escollos que intentan perpetuar la desigualdad social, las fracturas educativas y la exclusión política.

¿Cuántas “Camilas Vallejo” necesitamos para suscitar un verdadero cambio en la calidad de nuestra deteriorada educación? ¿Chile no es acaso un espejo en el que debemos mirarnos para reflexionar?

Nuestra sociedad ha sido incapaz de hacer un mea culpa sobre su responsabilidad en la educación. Estamos entretenidos en buscar culpables, cuando debemos atacar las causas que diluyen nuestras diferencias.

No es justo que la educación de calidad se reserve a una parte de la población y el resto solo se alimente con las migajas del saber que la élite consume.

Propiedad

Gabriel D’Annunzio Rosanía Villaverde, Abogado y locutor

Muchos de los adquirentes de propiedades y demás derechos, cuando son perjudicados o amenazados, blanden el argumento del respeto a la “seguridad jurídica”, queriendo sorprender la buena fe de todos.

La propiedad es la facultad, capacidad o potestad que tiene una persona, sea natural o jurídica, de usar (“ius utendi”), disfrutar (“ius fruendi”) y disponer (“ius abutendi”) de determinados bienes, sin otras limitaciones que las establecidas en el ordenamiento jurídico vigente, siempre y cuando estos bienes sean útiles, tengan una existencia limitada, y puedan ser susceptibles de apropiación y de ocupación.

El ordenamiento jurídico preceptúa y desarrolla el concepto de la propiedad, en todos sus escenarios y variables consistentes en una gran cantidad de normas, entiéndase la Constitución Política, el Código Civil y las normativas ambientales, urbanísticas, agrarias, marino-costeras y fiscales, siendo esta mención enunciativa y no limitativa. Esto no es todo, ya que hay que tomar en cuenta los fallos de los tribunales y la doctrina jurídica que hablan al respecto, sin menoscabo de otros fenómenos, como por ejemplo el turismo y la migración, para los cuales hay legislaciones especiales que tienen que ser consideradas, que son o pueden ser concomitantes con la propiedad y demás derechos reales.

Queda claro que “nadie es dueño de nada”, sino más bien que se trata de “si se tiene el derecho o la facultad de usar, disfrutar y disponer de un bien, lo cual jamás podrá hacerse al margen del ordenamiento jurídico vigente”, es decir, teniendo en cuenta que “el interés público priva sobre el interés privado”, la propiedad y demás derechos reales no pueden estar por encima de los principios, estrategias, políticas y fines del Estado, por lo que parece que no queda otro camino que hacer una auditoría generalizada, de tal manera que toda propiedad, adjudicación y concesión sean anulados, en caso de que hayan sido hechos al margen de la constitución y la ley.

Una buena actitud, combustible de la vida

Maximiliano Corradi, Colaborador

Cada vez más personas se cuestionan si las enfermedades de nuestra época tienen un origen puramente químico, o si no hay otros factores que afectan directamente a la materia, pero que se escapan a la percepción intelectual. Buscadores de la verdad, personas sensitivas y los buenos médicos han aprendido a incluir en sus diagnósticos no solo los resultados de pruebas de laboratorios, sino a comprender la estrecha relación entre la existencia humana y la espiritual.

Pensamientos y palabras son fuerzas que son acogidos por células y órganos como un eco. Así como la persona piensa, habla y actúa, así reacciona su cuerpo, los grupos celulares. La conciencia de los órganos reacciona tanto a impulsos positivos como negativos y a impulsos del ambiente que la rodea. Quien ha aprendido a dominar sus pensamientos y sus sentidos, puede preparar también su cuerpo para la salud que procede de lo interno. Reconoce tu cuerpo como el instrumento de tu alma, como el vehículo del cuerpo espiritual que vive en ti.

El alma está encarnada en un cuerpo, para expiar en esta encarnación sus sombras, es decir, las cargas de las encarnaciones anteriores. Por esto el ser humano debería mantener su cuerpo sano en base a alimentos sanos provenientes de la naturaleza, por medio de pensamientos desinteresados y de una vida ordenada.