Defensor del lector
Metrobús o los ángeles naranja
Dicky Reynolds O’Riley, Abogado
Cualquier pasado no pareciera ser mejor. El transporte público panameño venía colapsando desde hace más de treinta años. Los ciudadanos de a pie o mejor dicho, de a bus, sufríamos la ordalía de robarle el sueño al amanecer, lidiar con rateros, malos olores, ruidos, ataques libidinosos, soportar el lenguaje procaz de los conductores o sus asistentes (pavos), el peligro para peatones y vehículos, entre otros. Sinceramente era necesario e inminente que se cambiara el sistema de los mal llamados “Diablos Rojos”. Ahora, so pretexto de corregir todos estos desmanes, surgió la nueva alternativa: el Metrobús. Vino promocionado como un remedio para mejorar la calidad de vida del usuario del transporte de la urbe capitalina.
Entre otras cosas se dijo que el precio de abordaje no podía ser el mismo del antiguo transporte toda vez que venían nuevas unidades vehiculares más cómodas.
Nada más falaz, solo hay cupo para treinta personas sentadas y casi ochenta de pie, nos estiban de manera compacta en este bello contenedor naranja para utilizar cada milímetro de espacio, asuntos de rentabilidad. El sistema de aire acondicionado no funciona cuando está a su máxima capacidad. Aunado a ello se subvenciona el combustible, dinero de nuestros impuestos, que utiliza esta empresa para evitar mayor costo de los pasajes. El panameño no tiene la cultura para que le impongan reglas, pero tendrá que acostumbrarse. Observamos que se dio un absurdo incidente por la transportación de tres pollitos, que pareciera algo risible por su desenlace. Hay que destacar que el común de las personas que abordan buses llevan bolsas o cartuchos y la empresa quiere vedar que ello se dé, para optimizar los espacios en este bello contenedor rodante.
De igual manera el pasaje a niños, estudiantes, adultos mayores, son otras incógnitas. Los itinerarios de viajes y rutas, las paradas, son sus caprichos avalado con el argumento de que son productos de estudios. Solo les interesa los mercados. La ATTT es un cómplice silente que arguye que es una empresa privada por lo tanto no puede inmiscuirse en sus políticas, desconociendo que fue contratada para prestar un servicio público, por ende no escapa de la regulación por su parte. Este transporte no puede pretender ser un émulo a la europea sino que se debe adecuar a la idiosincrasia nuestra.
¿Será que la agenda de este negocio no era más que lucrarse con la necesidad y los malos ratos de los ciudadanos que sentíamos la humillación de ser tratados como reses? Lo único que habría cambiado es la sonrisa amable a bordo de “Los Ángeles Naranja” y el estribillo pegajoso del “Así, sí, sí” que cual letanía, nos aturde todos los días para condicionarnos a que nos olvidemos de las viejas penas. Ahora formamos filas bajo sol o lluvia sino a desplazarnos caminando. Se mercadeó nuestra tragedia. En el lenguaje de la calle “salieron más caras las velas que el entierro”.
Carta abierta a los diputados
Ernesto Cedeño A., Doctor en Derecho.
El 31 de diciembre de 2009, ustedes emitieron la Ley 80 que reconoce derechos posesorios y regula la titulación en zonas costeras y territorio insular. El instrumento jurídico pretendía llevar a su implementación feliz, el Artículo 289 de la Carta Magna patria.
No obstante, la ley que ustedes aprobaron dista mucho de promover una adecuada regulación de la tierra, ya que ha gravitado a la luz pública que muchos acaudalados se han visto beneficiados con titulaciones gratuitas. La patria y nosotros los electores independientes, tomaremos en contra de ustedes, las medidas que el derecho y nuestra constitución prevé, si no modifican, de manera expedita, la ley de marras, a efecto de circunscribirla, al beneficio directo, de los que menos tienen y no de poderosos.
Puntos mínimos, a considerarse en la modificación futura de la Ley 80 de 2009, son: El refrendo de la Contraloría en las titulaciones, conforme al artículo 280 constitucional.
Reconocer, para estos efectos, solo la posesión de la persona natural y no de la persona jurídica. Delimitar hasta un máximo de 500 metros, el otorgamiento de un terreno gratuito.
Promover en las escrituras de los terrenos gratuitos, una cláusula de limitación de traspaso del terreno a terceros, hasta por un espacio de 10 años.
Determinar, como lo hicieron en la Ley 69 de 2009 (Que prohíbe las equiparaciones en los contratos) una cláusula que diga que las modificaciones de la ley 80, son de interés social.
El liderazgo de las mujeres
Víctor Corcoba Herrero, Escritor, España.
La mujer lo representa todo en la vida de la humanidad, como madre, esposa, hija, hermana; como ser laborioso, siempre dispuesta a llevar la carga como incansable trabajadora. Ya lo sabemos, pero tenemos que reconocer ese gran valor y esa gran valía social. Ciertamente, todavía queda mucho por hacer en buena parte del mundo, para que ser mujer no comporte una discriminación.
El liderazgo de las mujeres también está ligado a la paz. ¿Cómo no reconocer y aplaudir, para que al menos sirva de referente, la obra pacifista de tantas mujeres en los diversos contextos culturales?. Me parece, pues, todo un acierto la decisión de otorgar el Premio Nobel de la Paz a la presidenta de Liberia, Ellen Johnson Sirleaf; y a las activistas Leyman Roberta Gbowee, también de Liberia, y Tawakul Karman, de Yemen. Es una gozosa noticia que bien vale la pena celebrarla y difundirla.
Pienso también en el liderazgo de las mujeres rurales; depositarias de tantas luchas por la supervivencia a través de sus conocimientos tradicionales. Considero, igualmente esencial, celebrarlo el 15 de octubre con todos los honores y glorias, como reconoce Naciones Unidas.
Ellas son las grandes heroínas de poner paz y una sonrisa en las familias, pero tampoco se les suele corresponder con la ofrenda del aplauso. Ellas son, en suma, la fuerza laboral agrícola en gran parte del mundo en desarrollo, y, consecuentemente, son las primeras que contribuyen a la seguridad alimentaria en el mundo.
