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Defensor del lector


Derechos de los ciudadanos

Carlos Fong, Escritor

Está muy bien que los periodistas se cuadren para defender sus derechos antes que sea demasiado tarde. Pero ¿quién defiende los derechos de los ciudadanos para que ellos respeten su dignidad’. También ellos tienen sus "excesos". Hace poco Berna Calvit escribió denunciando algo de eso y no pasó nada. Hace poco mi hijo adolescente tuvo que ver a dos muertos macheteados en la portada de un tabloide; qué hay del abuso hacia la imagen de la mujer y el daño que le han hecho al tejido social construyendo un imaginario sobre los jóvenes que sólo los ve como un problema, como delincuentes.

El problema en nuestro país es que todo el mundo se ha vuelto impune. El poder se ha vuelto arbitrario en todos los sectores. Ya no es un tema sólo del Estado. La anarquía es institucional y el colapso se da a nivel de todas las instituciones. Los medios siempre han sido una institución de control social, pero también usan su poder de manera arbitraria. Se puede probar cómo han contribuido a fomentar la violencia en todas sus formas. Entonces, ¿quién le pone el cascabel a ese gato cimarrón e indomable que a veces nos protege y otras nos agrade? Con todo el respeto a mis amigos periodistas. Escribo esto en nombre de la humanidad que aún nos queda; en nombre de la verdad. No estoy jugando a la política; sólo soy un ciudadano que a veces no se calla.

Sobre cambios en el himno nacional

 Luis Alberto de Ycaza, Lector

Doctora Marisín Villalaz de Arias: En su artículo del Panamá América, fechado 12 de octubre de 2011 y titulado “Conservemos nuestro Himno Nacional”, deja usted entrever su preocupación por el cambio en su letra o en su música, así como de los “cambios” que se le hacen al Escudo de Armas de la República que ideó su pariente, Don Nicanor Villalaz. Sobre estos temas, me permito aclararle que sus inquietudes y preocupaciones están lejos de hacerse realidad. Como miembro de la Comisión de Gobierno que estudia las propuestas de modificación a la Ley 34 de 15 de diciembre de 1949, no permitiría jamás que se menospreciara la labor y le herencia de nuestros próceres.

Me especialicé en Heráldica y Vexilología, Protocolo, Ceremonial, Genealogía y soy músico profesional desde 1972. Por lo que me atrevo a asegurarle de lo que hablo.

En primera instancia, no existe intención alguna de cambiar el Himno Nacional, sino de grabar una nueva versión de este, ya que la actual data de los años 70´ y es de pésima calidad. Lo que se quiere es aprovechar los avances tecnológicos de equipos sofisticados para crear no una, sino tres versiones del mismo himno, con su partitura y letra originales; una por la Orquesta Sinfónica, otra con la Banda Republicana y otra para piano y voz. Todas estas versiones datan de 1904. Pero nunca se cumplió lo establecido en las leyes anteriores. Eso en relación con el Himno Nacional.

En segunda instancia, soy el proponente de la recuperación que se le hará al Escudo de Armas, y digo recuperación porque fue Arnulfo Arias Madrid, quien modificó el escudo en 1941 y luego en 1949 de forma unilateral y sin tomar en cuenta la herencia nacional. Lo que pido es que se respete el aprobado en 1904 por la Junta Provisional de Gobierno.

Esto incluye colgar las armas, símbolo de fin a las guerras fratricidas, causa de nuestra ruina; reemplazar el pico por el azadón, único símbolo de la agricultura, que el entonces presidente Arias quería que “rimara” con la letra del Himno Nacional, que dicho sea de paso habla de pica y no de pico.

Por lo antes expuesto, creo que sus preocupaciones no tienen razón de existir. Son meras especulaciones de seudo periodistas que con títulos sensacionalistas desean llamar la atención.

¿Qué celebran tras la caída de Gadafi?

Gabriel D. Rosanía V., Abogado y Locutor

Las naciones de los abortos legalizados, de la injusta distribución de las riquezas, del control de los precios, de los antivalores, y de la venta y comercialización de armas de guerra, apoyaron y celebran la caída de Gadafi.

Un video difundió las imágenes del dictador libio, aún con vida, después de ser capturado por sus opositores. Instantes más tarde, las imágenes lo muestran muerto. Al principio se difundió que falleció por desangramiento, producto de heridas resultantes del intercambio de disparos, pero, pasadas las horas, se supo que había sido ajusticiado por un joven de dieciocho años.

La verdad de la causa de la muerte de Gadafi aún no ha sido plasmada con la rigurosidad y la serenidad de las ciencias históricas, y qué decir del conflicto que conmocionó a Libia en los últimos 8 meses. Se ha dicho de todo sobre Gadafi, pero lo cierto es que él solo era la cara visible de un régimen del que muchos se beneficiaron, y todos los que lo apoyaron son responsables de lo que haya pasado en ese país, al menos en los últimos 42 años, tiempo en que gobernó.

Al margen de las excentricidades o monstruosidades que este occiso hubiese podido cometer en vida, lo importante era que fuese enfrentado a tribunales de justicia, y no caer abatido a manos de aquellos que no sabemos cuál será su proceder en los próximos años.

Quienes reclaman justicia, libertad y democracia, al imponerlas mediante el desconocimiento y la violación de los principios que las sustentan, son candidatos seguros de futuras aberraciones y violaciones de derechos elementales.

En este sentido, hay quienes están preocupados que, en medio de la declaratoria de la libertad de Libia, el líder del gobierno de transición esbozó los planes para el futuro, y sin ningún tipo de legitimidad constitucional ni democrática divulgó que la ley islámica será la base de la legislación libia y que las leyes existentes que contradicen las enseñanzas del islam serán anuladas.

Ya en estos momentos se teme porque pueda darse un brote de violencia, no por parte de los gadafistas o de los hijos del ex dictador, sino más bien por las complejidades y divergencias culturales sociales que caracterizan al libio.

Qué aberrante es celebrar en medio de las circunstancias en las que se encuentra el pueblo libio, porque quien no es libio ni vive en Libia, no tiene la capacidad de opinar con autoridad sobre ese país.