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Definitivamente Dios no es fascista


Y como no es fascista, claramente, Cristina Kirchner no es dios por mucho que lo intente. La característica del fascismo es que utiliza, de manera extrema, el monopolio de la violencia que se arroga el Estado para “organizar” a la sociedad. Santo Tomás decía que el cosmos fue creado por Dios con un orden (el “natural”) que se ve en la sabiduría con que se desarrolla la naturaleza, y aquello que contrariaba lo natural y lo voluntario era la violencia siempre destructiva .

Ahora, cuando este “orden” empieza a fracasar, como la soberbia impide una corrección, suelen aumentar la violencia para someter lo que se les va rebelando. El caso de la expropiación de YPF es un buen ejemplo. El fascismo peronista, que cree que puede crear un “orden” superior al mercado natural, impuso al sector energético muchas regulaciones (coacciones en base al poder de policía) como, por caso, un “precio máximo” de $ 42 el barril cuando el precio internacional es de 108. Irónicamente, dicho sea, el precio al público era alto (20% superior al de EE.UU.), debido a los impuestos que, recordemos, se recaudan coactivamente.

El resultado obvio fue que las empresas dejaron de invertir, por falta de rentabilidad dadas estas regulaciones y Argentina, que era exportadora de energía, pasó a importar.

En 2003, todavía conservaba una balanza comercial energética favorable de $ 4 mil 864 millones, desde entonces las importaciones aumentaron 1600% provocando un déficit, en 2011, de $ 2 mil 931 millones. Y es verdad que YPF casi no invertía. Entre 1999 y 2011, sus utilidades netas sumaron $ 16 mil 450 millones, de los cuales se repartieron, entre los accionistas, 13 mil 246 millones, ¿quién invertiría con tan baja rentabilidad?

Pero la soberbia, lejos de reconocer su fracaso, insiste en imponerse aplicando aún más violencia, entrando con la policía a la sede de YPF, expropiando y echando a sus directores, lo que empeorará las cosas. Además del conflicto, interior y exterior al país, y de la ineficiencia de las empresas de los políticos (“empresas estatales”), esto endeudará a un gobierno con escaso crédito.

Solo la inversión necesaria en YPF sería de unos $ 12 mil millones en tres años, cifra astronómica para Argentina, además de otros 12 mil millones en 2012 para importaciones hasta completar el supuesto autoabastecimiento y los $ 13 mil millones que exige Repsol como compensación por expropiación. Como es imposible que sean dioses, los violentos terminarán autodestruyéndose, de modo que es cuestión de paciencia.

Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California.