Degeneración
En su deseo de preservar la vigencia del ser humano en este mundo, Cristo dijo: “Creced y multiplicaos.”
No obstante, para eso se requiere la unión entre un hombre que fecunde y una mujer que conciba.
Ninguna de dos personas del mismo sexo podrá jamás fecundar a la otra. En consecuencia, la unión matrimonial entre ellas constituye una aberración y una vergüenza por ser ello contra natura.
Y tanto los contrayentes como los Estados en que tal liberalidad se permita son merecidamente censurables.
En la reciente visita de Su Santidad el Papa Benedicto XVI a la católica España, a la que por cierto se le suman varios santos y santas, ante sus pronunciamientos públicos contra los matrimonios entre personas del mismo sexo, un grupo plural de los llamados gay comenzó a abrazarse y besarse de boca a boca, según se reprodujo por televisión, protagonizando así un espectáculo que no pudo ser más repugnante.
