Del ‘torrijismo’ al intervencionismo
Un terremoto en la tumba del exdictador Omar Torrijos ocurrió el 23 de mayo, cuando miembros del partido que fundó, el PRD, se reunió con el embajador norteamericano, Jonathan Farrar.
Pero más que una simple reunión diplomática fue la queja de que peligra la “institucionalidad democrática”, que puso el colectivo opositor.
No era un libreto cantinflesco, sino la realidad de un partido que, por aspirar al poder político, pierde su ideología y recurre al país que toda su vida acusó de intervencionista, colonialista e imperialista.
La ideología “torrijista” de su cúpula quedó como papel sanitario ante la historia de ese partido.
Los discursos de barricadas, las grandes concentraciones y la adhesión de Panamá a los países no alineados se fue a la basura cuando el partido que se autodetermina como el nacional y soberano pide la intervención de un diplomático extranjero.
Como la mayoría de los reporteros que cubrieron el evento son jóvenes, no tenían idea de que quienes se reunieron con Farrar fueron gestados de la flor y nata del antiimperialismo estadounidense.
Bye bye a los gritos “yanqui go home”, “un solo territorio una sola bandera”, que coreaban Francisco Sánchez y Mitchell Doens, ahora se transformaron en querellas políticas.
¿Qué diría Omar Torrijos si sus pupilos pidieran intervención del país que tanto luchó por expulsar y acabar con la “quinta frontera”?
Es como si el Che Guevara le pidiera a Ronald Reagan que supervise las elecciones del Partido Comunista Cubano (PCC).
Al menos, Pedro Miguel González tuvo dignidad y no asistió al evento. La reunión no es lo criticable, sino el tema hecho público.
Como en política todo puede ocurrir, Carlos Marx y Adam Smith, ahora toman de la misma botella de vino y brindan reídos desde el más allá.
