Delincuencia, sexo y droga
¿Están ciegos? ¿Quiénes son los culpables? Fluyen a la vista. ¡Hogar dulce hogar!, ha perdido su valor.
Los padres han perdido autoridad; para los hijos, siempre están desactualizados; ya no quieren oír consejos, pues todo lo han aprendido a través de los programas de televisión, computadoras, celulares, canciones y el ambiente negativo que se está cultivando.
Compartir con los padres se hace difícil, los padres están más preocupados por conseguir la comida que por las necesidades de los hijos.
La inseguridad en cuanto al trabajo, el transitar, los bajos salarios, el valor de los alimentos hacen que los padres a menudo se sientan culpables por no poder satisfacer las necesidades de sus hijos, los cuales reclaman puntualidad con los materiales de la escuela, la data, memorias, internet, marcas y otros.
Los padres no pueden más y sobre todo si en vez de subirlos de puesto, les nombran una chiquilla recién graduadita, con un salario más alto. Se pierde la comunicación en el hogar; cada loco con su tema.
Entonces, yo pienso que el Ministerio de Educación debe tomar la dirección de la educación y la cultura, ya que en cierta forma los padres están atados para corregir con libertad.
La Iglesia dice que los hijos no son de los padres, sino de Dios. El Gobierno dice que el maltrato a los hijos es un montón de cosas. Se pasa por alto el deber de los hijos en el hogar y para con los padres. Se hace más hincapié en los derechos que en los deberes.
Hay entidades gubernamentales preparadas para orientar en escuelas y colegios a través de charlas, cada cierto tiempo.
¿Qué debe hacer el Ministerio de Educación?
Coordinar con enfermeras, sicólogas y orientadoras.
Creo que lo más importante es la autoestima y la práctica de los valores personales. Aquí es donde debe entrar el educador, consejero, religión, familia y desarrollo, educación física, música, artística y otros.
Escriban dramas, comenten buenos libros, analicen poesías con los estudiantes, encuentren modelos de vida que realcen la personalidad. Estimúlelos a escuchar y distinguir los diferentes clásicos de Mozart, Beethoven y tantos otros.
Escriba diariamente un nuevo mensaje y analícelo con ellos, hagan lista de refranes. Esto no debe ser la iniciativa de unos pocos profesores, debe ser de todos.
Cuando el individuo se siente importante por los conocimientos adquiridos, lo refleja en su personalidad, comprenderá lo que vale y se volverá más responsable de sus acciones.
Docente