Delincuencia y violencia
Delinquir es algo que debe ser castigado siempre desde la primera vez, porque después de hacerlo una vez sin sanción alguna, el delincuente continuará realizándolo porque considera que, al ser para beneficio propio, es algo razonable y que está bien ejecutarlo. Por esto, por más insignificante que sea el delito, debe ser castigado con una pena que le sirva de aprendizaje.
MUCHOS JÓVENES QUE SE INVOLUCRAN EN LA MISMA LO HACEN LLEVADOS POR NECESIDADES, POR EJEMPLOS QUE VEN EN SUS HOGARES, ALGUNOS MAL FORMADOS Y CON LA AUSENCIA DE PADRES CUYA PRESENCIA ES INDISPENSABLE PARA LOS MUCHACHOS.
Una de las cosas negativas que suceden en nuestro país es que solo a determinadas personas se les castiga y son a los que la gente llama “los hijos de la cocinera”. Hace unos días escuchaba la noticia de que un hombre dominicano de 42 años, valiéndose de la confianza que le dio una madre de una niña de tres años, intentó violar a la pequeña, así lo indicó la señora tras encontrarlo en actitud sospechosa; se dijo que podría pagar hasta ocho años de cárcel. No, señor, un hombre de esa calaña debe pagar la pena máxima para que aprenda lo que no debe hacerse y se dé cuenta de que en Panamá se castigan los delitos, y más como ese.
Y como este podríamos enumerar muchos más que van acompañados de violencia, aunque para que sea considerado delito, no es necesario que se acompañe de la misma. Lo que sucede es que la delincuencia trae violencia porque, por ejemplo, si una persona ataca a otra para robarle y la maltrata hasta dejarla casi muerta, ese es un exabrupto empleado para cumplir con el delito. Eso es lo que estamos viviendo en estos momentos en nuestro país, pues al robar un auto, si la persona se resiste, le dan un tiro y lo matan. Tanto la violencia como la delincuencia se han arraigado en nuestro país, a tal extremo que en millones de barriadas la gente no abandona su casa por temor a que los asalten o los maten, tal vez para arrebatarle un dólar que es todo lo que esa persona lleva encima.
Anteriormente, en Panamá se delinquía, pero sin violencia. Hoy en día la violencia ha incrementado tanto que no alcanzamos a leer tantos casos policivos que salen en los medios de comunicación. Y la gente tranquila nos preguntamos ¿qué está sucediendo en nuestro país? La droga con su consumo, el permitir portar armas libremente y otras circunstancias nos han llevado al estado en que nos encontramos. No tengo fobia hacia los extranjeros porque hay muchos de ellos que han venido a nuestro país en busca de una tranquilidad que no tienen en su tierra, sin embargo, la encuentran parecida y muchas veces en manos de sus compatriotas, ya que, generalmente, en los casos de violencia y delincuencia van involucrados extranjeros que vienen, algunos de ellos, a cometer la fechoría y salen huyendo de la justicia.
Siento sinceramente que hemos dejado de ser un país tranquilo en cuyas cárceles cabían los presos. Hoy en día, no hay suficientes cupos, lo que hace que vivan en un hacinamiento indescriptible. Hace unos días escuchaba por la radio que Panamá debiera deportar a sus países a los delincuentes que cogen presos y estoy segura de que desocuparíamos mucho nuestras cárceles. Pero los medios de comunicación, a veces, exaltan las noticias de violencia. Muchos jóvenes que se involucran en la misma lo hacen llevados por necesidades, por ejemplos que ven en sus hogares, algunos mal formados y con la ausencia de padres cuya presencia es indispensable para los muchachos. Los gobiernos no ayudan para sacarlos de las calles y de la delincuencia; dejan las escuelas, no tienen otra entrada que la que ganan delinquiendo y continúan en la misma. Los gobiernos debieran formar parte de las agrupaciones que ayudan a esos jóvenes. No comprendo cómo nuestros gobernantes pasan desapercibidos en la lucha contra la violencia. De continuar así, tendremos un país al cual los turistas no quieran venir; ocurrirá lo que pasaba con Colombia hace muchos años, cuando ir allá era un peligro enorme.
Tenemos que exaltar las virtudes, enseñar valores, vivir con ellos, mejorar nuestra educación, enseñar valores a los educadores para que los trasmitan a sus estudiantes y hacer una red para acabar con la violencia y la delincuencia en Panamá o, por lo menos, disminuirla y solo así tendremos un país tranquilo.