Demagogia, totalitarismo, tiranía
En América, pueblo y héroe se dan sin recíproca eliminación. Casi diríamos que son conceptos correlativos. Pero el requisito para esa correlación es que el héroe sea intérprete fiel del sentir, del pensar y del querer de la masa y le ofrezca un paradigma moral. Decimos fiel, con lo que también queremos decir veraz, honrado. Por lo tanto, no podrá entenderse que nos estamos refiriendo al demagogo, que por esencia y definición es el hombre mentiroso y falto de honradez.
Cuando el héroe no ha sabido interpretar a la masa o la ha aprovechado para sus fines particulares y la satisfacción de su apetencia de poder, entonces se ha caído en la dictadura, en la tiranía, en los regímenes personalistas. También se ha caído en ellos cuando el pueblo no ha sabido distinguir entre el falso y el auténtico paladín y ha rechazado a este último y los puros valores en él encarnados, para dejarse engañar por la adulación, la mentira y la bajeza del primero. En este caso la masa no solo se esclaviza sino que, más allá de lo que degrada toda tiranía por la sola privación de la libertad, e envilece por el servilismo hacia el déspota.
SISTEMAS REFORMISTAS EN EL TERRENO POLÍTICO, SOCIAL Y ECONÓMICO HAN SURGIDO EN TODAS LAS ÉPOCAS Y CON MAYOR O MENOR PROFUNDIDAD Y EXTENSIÓN HAN PROYECTADO SU INFLUENCIA SOBRE EL DESENVOLVIMIENTO DE LA SOCIEDAD HUMANA.
La tiranía es en América un fruto espurio tanto como letal, un crimen contra el espíritu de la americanidad. Los pueblos más progresistas del continente son aquellos que mejor supieron elegir sus hombres públicos y rehuyeron la aventura con el desconocido, con ese "hombre oscuro", que decía Domingo Faustino Sarmiento, que tan graves estragos ha causado a nuestra civilización política.
Por desgracia, muchas son las partes del universo en las que la voz de los pueblos no puede oírse en estos momentos y únicamente se escucha la de sus gobernantes y pretendidos salvadores, hombres poseídos por una idea mesiánica y rebosantes de suficiencia y vanidad, cuando no dominados por un torvo resentimiento, que hace de ellos verdaderos vesánicos, tanto más peligrosos cuanto mayor es el poder que los recientes adelantos tecnológicos han puesto en sus manos. Y estos sí que se oponen con su locura, su ambición desalentada y su soberbia de signo satánico a que la humanidad pueda llegar al disfrute de los bienes entrevistos, estos sí que comprometen, y del modo más grave, la consecución de ese luminoso destino.
¿Cómo no explicarse que las promesas demagógicas prendan fuertemente en quienes viven acosados por la escasez? Condenamos, sí, a los demagogos, porque lo más noble de ellos es su especulación con el dolor y la esperanza del hombre; pero no condenemos a los que creen en su prédica falaz, dado que lo único que les queda, junto con su desamparo, es su ilusión de llegar a disfrutar un día una existencia más feliz.
Históricamente, la idea socialista es muy anterior al ideario de Marx y de Lenín. Sistemas reformistas en el terreno político, social y económico han surgido en todas las épocas y con mayor o menor profundidad y extensión han proyectado su influencia sobre el desenvolvimiento de la sociedad humana. Pero lo que no puede discutirse es que ninguno alcanzó la cohesión y disciplina, la fidelidad y consecuencia programática del comunismo. Lo que se propuso hacer en Rusia y desde Rusia a poco de conquistar el poder en octubre de 1917, lo ha venido cumpliendo, a través de mil vicisitudes y alternativas; y lo ha hecho con una acción metódica, flexible, realista, que ha sabido adecuarse a las circunstancias, resistencias y facilidades encontradas.
No ha desechado ningún medio para alcanzar sus fines, desde las sangrientas purgas partidarias, hasta el aplastamiento sin piedad de los brotes de rebeldía surgidos en los pueblos sojuzgados. Por eso, la lucha contra el comunismo debe ser la lucha contra los factores de atraso y malestar que ofrecen el caldo de cultivo al virus totalitario.
Para nadie es un secreto la infiltración marxista en la enseñanza pública y en la actividad cultural y artística. Este es otro, y no el menos importante, de los frentes desde los cuales el comunismo libra su guerra no declarada en el mundo democrático.
¡Feliz Navidad!
*Pedagogo, escritor, diplomático.