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Demanda de agua será muy superior al suministro actual


Ricardo A. González Chan (opinion@epasa.com) / Escritor y Consultor Independiente

El pasado 22 de marzo en todo el orbe celebramos el Día Mundial del Agua, donde reflexionamos sobre la crítica situación que el planeta está pasando por la escasez del vital líquido en muchas regiones del globo ante una población que no tiene freno, ya que actualmente se tiene que alimentar a más de 7 mil millones de habitantes y se espera a otros 2 mil millones más para el año 2050. Desde el año 1993, el día 22 de marzo es el destinado para conmemorar y reflexionar sobre este recurso natural.

Leamos unos datos según la Organización de Naciones Unidas (ONU): cerca de 1.5 millones de niños mueren por año en el mundo como consecuencia de la carencia de agua potable, saneamiento ambiental adecuado y condiciones higiénicas saludables. Datos de la UNICEF (Fondo de Naciones Unidas para la Infancia) señalan que en América Latina y el Caribe la segunda causa de mortalidad infantil, después de las enfermedades respiratorias, es la diarrea causada por infecciones transmitidas a través de manos sucias en la boca.

El agua se vislumbra como el mayor conflicto geopolítico del siglo XXI; ya que se calcula que en menos de veinte años, la demanda será más de un cincuenta por ciento superior al suministro. Cada país, incluso cada región dentro de estos, vive realidades muy diferentes respecto de este elemento tan indispensable para nuestra vida. Vastas regiones de América Latina cuentan con enormes reservas hídricas.

Sin embargo, esta parte del continente muestra uno de los mayores índices mundiales de consumo por habitante, esencialmente a causa del uso agrícola-forestal y minero y a no existir, ni ser inculcada por los gobiernos, una cultura del buen uso del recurso.

Miles de empresas beben de forma gratuita el agua de nuestros ríos y luego vomitan en ellos toneladas de productos altamente contaminantes. Miles de toneladas de venenos herbicidas son arrojados en los campos de cultivos de los países. Cada vez más personas toman conciencia de los graves problemas que enfrentamos y enfrentaremos por la escasez de agua potable en el futuro. Pero lo más preocupante es que estos recursos están siendo privatizados y, cada vez más, controlados por grandes multinacionales, perdiendo los gobiernos actuales la capacidad de establecer políticas de inversión para mejorar su distribución y accesibilidad más allá del interés económico.

En Panamá no escapamos a esta realidad diaria que enfrenta en mayor escala la ciudad de Panamá que con su gran desarrollo y aumento de la población, afecta el suministro de este vital

liquido y que el gobierno por medio del Instituto Nacional de Acueductos y Alcantarillados Nacionales (IDAAN), ya parece que no pueden sostener este servicio importantísimo a la población que en los medios de comunicación social casi todos los días desde diferentes lugares y barriadas se quejan de que no les llega el agua.

Los recursos vitales, como el agua, no pueden convertirse en una mercancía y venderse al mejor postor; el acceso al agua potable para cubrir nuestras primeras necesidades constituye un derecho humano fundamental y cada generación debe intentar asegurar su sostenibilidad en el tiempo. El mundo debe adoptar una postura clara, con principios bien definidos, para detener la devastación de los sistemas hidrográficos existentes en el mundo.

Si queremos preservar la vida en el planeta, necesariamente deberemos comenzar por salvar el agua. Luchar para que su acceso en la cantidad y calidad suficientes para la vida, se reconozca como un derecho constitucional humano y social, indivisible e imprescindible, para que el preciado líquido sea tratado como un bien común que pertenece a todas las especies vivientes del planeta y para que los ecosistemas sean considerados bienes comunes.

Comencemos por entender que ese vaso de agua que hoy bebemos, para más de mil millones de personas en el mundo es una utopía, que ese aseo diario al cual accedemos casi sin darnos cuenta, un 45% de la población mundial no puede obtenerlo. Y más aún, que es muy posible que, si no hacemos algo al respecto, eso mismo le suceda a nuestros hijos e hijas, a nuestros nietos o a nosotros mismos, en algunos años.

Esperamos que ahora se valore cada vez más y fomente la concienciación, tan necesaria en nuestro medio, más propiamente en nuestro país, para lograr aprender a tenerle aprecio al agua y demás recursos naturales.

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Viernes 14 de agosto de 2026