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Democracia, las políticas públicas y desarrollo humano


En una reciente entrevista al renombrado economista Amartya Kumar Sen, premio nobel en ciencias económicas de 1998, ha llamado la atención sobre lo que él considera una importante falla en el ejercicio de la democracia. En efecto, para el autor del célebre libro Desarrollo y Libertad, el hecho de que la política económica de países como Grecia, Portugal y España se haya diseñado en una forma tal que los puntos de vista de los electores fueron considerados como inferiores a la visión de banqueros, instituciones financieras internacionales y agencias de calificación, ha significado un considerable trauma para la democracia de estos países.

El aporte de Sen en este caso es la idea que una política económica democrática es aquella que se construye por medio de amplias consultas, expresa las aspiraciones de las grandes mayorías y que es, por tanto, plenamente comprendida y apoyada por la población. Se trata, desde luego, de una característica de las políticas públicas que se encuentra completamente ausente de la realidad panameña.

En el caso de Panamá no solo estamos frente al Plan Estratégico de Gobierno 2010-2014, que fue elaborado por una consultora extranjera, aprobado sin ninguna consulta con la población y diseñado para profundizar el modelo concentrante y excluyente que marca a nuestra economía. El mismo, además, viene acompañado por la práctica sistemática de la acumulación por desposesión, que se muestra en elementos tales como las concesiones mineras no solo a las trasnacionales, sino también, de manera indirecta, a Estados extranjeros, la venta de tierras públicas, la presión sobre la fuerza de trabajo y la inflación generada por la especulación, entre otros. En concreto se trata de un esquema de políticas públicas cuyo objetivo es el enriquecimiento de la minoría que controla al país, el cual no tiene la menor capacidad de promover el desarrollo humano de las grandes mayorías.

Frente a este estado de cosas se va configurando una clara situación de rechazo ciudadano del esquema vigente de políticas públicas. Esto se demuestra, en primer lugar, por la creciente resistencia de la población a las mismas, lo que se expresa en diversas formas de protesta frente a las acciones de desposesión que promueve el Gobierno. También se manifiesta en el hecho de que, pese a la abultada propaganda oficial en torno al crecimiento de la economía, las últimas encuestas muestran que, para cerca del 55% de la población, las principales dificultades del país están vinculadas con problemas tales como la inflación, el empleo y el estado de la economía en general.

En estas circunstancias aparece como una tarea ineludible la de canalizar este creciente descontento, facilitando la profundización de la conciencia nacional en torno al carácter de las actuales políticas públicas, a la vez que se despliega una visión alternativa de desarrollo que sirva de base a la organización de la población en función de la búsqueda del desarrollo humano. Esta es una tarea que se cumplirá pese a quienes se empeñan en restringir los espacios académicos de discusión científica.

Economista.