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Democracia y partidos, una cuestión en descenso

Por: Redacción 16/06/2017

Las cosas que están sucediendo en Panamá, hablo a nivel político, social, educativo, económico, etc., ponen de relieve una asombrosa descomposición social que nos afecta a todos por igual. Y es que lo que suceda dentro de un Estado es cuestión que debe preocuparnos a todos por igual. Sin duda alguna que lo que concierne a la corrupción, esta ha tocado fondo. La olla, su tapa, producto de que ya no puede contener más todos los escándalos que se han dado y se siguen dando, mismos que se cuecen en nuestro suelo con repercusiones internacionales, ha saltado de modo aparatoso y se han desbordado esos caldos amargos y de efectos dañinos para los panameños.

Lo más lamentable es que, recientemente, de un discurso del papa, con nuestros obispos, un diario nacional extrajera que, para el máximo regente de la fe cristiano-católica, “el problema de la corrupción no era solo de los panameños, sino de todo el mundo”.

Luego, en el contexto de la noticia aparece clara alusión a que lo que el papa dijo fue “que el problema de la corrupción no era de los panameños, sino del mundo entero”.

Confieso que cuando leí ese titular quedé perplejo. Me sentía enrolado en el contenido del mismo y también reflexioné que no era posible que se nos tuviera como puntal en el discurso de la autoría corrupción y no en el discurso de la lucha contra la corrupción. Entiendo que lo que el papa quiso decir, de buena fe, posiblemente, era que “el problema de la corrupción es un problema de todo el mundo, porque el germen de la corrupción, sin ambages, lo llevamos dentro de nosotros, todos los seres humanos merced a nuestra conducta y acciones pecaminosas”.

Lo lamentable es el contexto del titular que nos presenta, ahora con este tema de las redes sociales, como si en Panamá todos somos corruptos o estamos, de una u otra manera, en la maraña de la corrupción. No, sin duda alguna, no es así.

Siempre hay un remanente grandioso, numeroso, de hombres y de mujeres que, a diario, vivimos cultivando valores, acreditando principios de vida, maneras y modos de llevar adelante un comportamiento personal y profesional digno de encomio sin esperar el aplauso o el reconocimiento de la sociedad o de las autoridades.

Quienes viven o llevan su existencia en búsqueda del aplauso sórdido de los populismos son almas inestables, tediosas, miserables, ausentes y carentes de conocimiento y de dominio propio.

Hay un altar al que debe concurrir, en cada momento de la vida, todo ser humano, cual es el altar de la conciencia ante la cual no caben engaños ni mentiras y esa conciencia estará en paz tan solo cuando nuestros predicamentos tengan como matriz cierta la sinceridad de nuestras acciones y la transparencia de nuestros pensamientos y sentimientos.

De allí que, cada hombre o mujer lleva dentro de sí a un juez: el juez insobornable de la conciencia y sobre ella al supremo juez, el Creador de nuestra vida y a quien nos debemos y rendiremos cuentas ciertas de modo inexorable.

Reitero, las cuestiones que están siendo dadas a conocer, respecto al problema de la corrupción, nos acreditan una descomposición perversa de los partidos políticos y que los proyecta como ilegítimos para pretender el poder, aun cuando ellos puedan alegar que sin partidos políticos no hay democracia, y como se comprenderá, este argumento ya ha sido desfasado por la realidad que les grita, altisonante, en sus propias caras que no tienen ni legitimidad ni capacidad para hablarle al pueblo de que son ellos, de modo exclusivo, los que pueden instrumentar el poder político en pro de las grandes mayorías.

La respuesta: se requieren nuevas caras, nuevos rostros, nuevas organizaciones políticas, nuevos grupos, levantando el estandarte de la decencia y de la transparencia, almas o personas a quienes no se les pueda impugnar por corruptas o por actos deleznables en la vida o trayectoria personal.

Abogado 

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Miércoles 15 de julio de 2026