Dengue o Carnaval
Pocas veces los panameños nos hemos enfrentado a un dilema como el que ha creado la epidemia del dengue y la celebración del Carnaval. A pesar de la labor del Ministerio de Salud (Minsa) para exterminar los criaderos del mosquito portador con atención médica, fumigaciones y exhortaciones a los vecinos para que cooperen en las campañas, continúan aumentando los fallecimientos y el número de los afectados por el dengue tradicional y el dengue hemorrágico a nivel nacional.
Este cuadro preocupante en el que está en riesgo la salud de los panameños se presenta en vísperas de las festividades del Carnaval. Pero estas situaciones tan distintas tienen el común denominador: el agua. Es decir, el agua de las mojaderas es el ingrediente ritual de la fiesta; pero, también, es el caldo de cultivo de las larvas temibles del Aedes aegypti.
Desde el punto de vista económico, los Carnavales fomentan el turismo, desplazan de la capital al interior a numerosas personas en un movimiento importante de descentralización y, particularmente, las fiestas alivian las tensiones psicológicas del traumático estrés. Si no fuera por el dengue, los Carnavales se llevarían a cabo dentro de ambientes de alegría y sano relajamiento que está integrado a la cultura popular.
Sin embargo, la alegría se puede convertir en tristeza si no tomamos en cuenta el peligro de la multiplicación del dengue como consecuencia de los charcos de agua que dejan las mojaderas, donde se incuban los mosquitos.
Para conjurar los riesgos sanitarios derivados de las fiestas se pueden organizar cuadrillas de trabajadores para eliminar con rapidez los charcos. Los municipios, los corregimientos, la sociedad civil, pueden ayudar al Minsa en los trabajos de prevención, con la activa colaboración de los pobladores de San Miguelito, Las Tablas, Los Santos, en suma, en todos los lugares del territorio nacional. Algunos dirán que los charcos los evapora el sol. Otros propondrán que se prescinda del agua de las mojaderas. Pero ¿puede haber Carnavales sin mojaderas, las que, indudablemente, atemperan el furor de los rayos solares?; ¿un Carnaval seco?
Ciertamente, el Carnaval húmedo pertenece a una tradición muy arraigada en Panamá. Pero el Carnaval de Niza y otras ciudades europeas organizan desfiles de carrozas y prescinden del agua.
Lo pertinente es que las autoridades del Minsa y la Autoridad Panameña de Turismo se reúnan con los municipios y corregimientos para deliberar sobre fórmulas que compatibilicen la diversión y la salud. Sería irresponsable permitir que el Carnaval se lleve a cabo, a espaldas de la epidemia del dengue.
La Constitución Política señala que es función esencial del Estado velar por la salud de la población de la República. El individuo, como parte de la comunidad, tiene derecho a la promoción, protección, conservación, rehabilitación de la salud y la obligación de conservarla, entendida esta como el completo bienestar físico, mental y social.
El Minsa es el ejecutor de los deberes y derechos de la salud. Pero corregimientos, municipios, forman parte del Estado y los involucra en la prevención y conservación de la salud, en riesgo por el jolgorio carnavalesco.