Derecho a la información
Junto a varias y prestigiosas instituciones dedicadas a la libertad de prensa para educar a las personas sobre el derecho a la información, la SIP ha resuelto promover al 2011 como el “Año por la libertad de expresión”. Bien por ello, a fin de que se afiancen principios de civilizada convivencia que tanta faltan hacen en ciertas partes de nuestro continente amenazado por el crimen transnacional organizado o regímenes de tendencia autocrática.
Las libertades de pensamiento, expresión y de prensa, estrechamente vinculadas entre sí, constituyen el pilar principal de la democracia; están protegidas por instrumentos jurídicos de jurisdicción internacional, como la Declaración Universal de Derechos Humanos, la Convención Americana sobre Derechos Humanos o la Declaración de Chapultepec.
Hace menos de dos meses, en Mérida, se llevó a cabo la última asamblea general del representativo y mencionado organismo hemisférico donde se abordaron asuntos de enorme interés, singularmente para Latinoamérica y el Caribe, donde jamás se debe permitir el imperio de mafiosos o de absolutistas. Allí, se manifestó que en México no es posible ejercer periodismo libre, responsable y confiable, ya que los periodistas viven con tensión y miedo ante el narcotráfico que desde el 2006 ha causado más de 28,000 muertos.
Igualmente, el caso de Venezuela fue el más llamativo, sobre el que se documentaron 113 agresiones contra la prensa. El presidente Chávez fue acusado de intentar controlar las ideas e imponer silencio absoluto, valiéndose de estrategias similares a las empleadas por los totalitarios de Europa del Este, antes de caer el Muro de Berlín, y de Cuba.
Tampoco pueden pasar desapercibidas los opiniones de Claudio Paolillo, director de la revista uruguaya Búsqueda, quien, sobre el autoritarismo en América Latina, afirmó que están aplicando el sistema de ganar elecciones mediante el voto popular y, sin ninguna pausa, hacen un andamiaje legal, valiéndose de la docilidad de los congresos, a fin de ir conculcando las libertades mediante leyes dirigidas a propósitos inconfesables.
De esta forma, aparecen normativas de carácter absolutista, sobre todo para la prensa y las universidades.
Medios y periodistas independientes y, por ello, críticos, sufren serios embates, persecuciones o por lo menos insultos de grueso calibre, en lo que llaman eje bolivariano o del socialismo del siglo XXI, cuyo máximo corifeo es Hugo Chávez. Esta corriente de sistematizado ataque a la prensa pluralista no es ninguna novedad, asimismo, en Nicaragua, Bolivia, Ecuador y, con algo de refinamiento, en Argentina. En este punto, resaltan estas luminosas lecciones de Thomas Jefferson: “Entre un Gobierno sin periódicos y periódicos sin Gobierno, no tendría dudas en quedarme con la última hipótesis”.
