Derechos humanos
La Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la OEA ha programado cuatro audiencias públicas sobre la caótica crisis venezolana, desde el 28 del presente mes hasta el 4 de abril. Tendrán derecho a voz en estas audiencias públicas los representantes del gobierno de Nicolás Maduro, de organizaciones civiles y de los partidos políticos de la oposición.
Las audiencias de la Comisión de Derechos Humanos dejan muy mal parado a Nicolás Maduro, a los países de línea chavista, que rechazaron la libre expresión de la diputada María Corina Machado en la OEA.
Creyó Maduro que controlando la televisión, comprando cadenas de diarios con fondos de sospechoso origen y poniendo al borde del cierre a los principales diarios de Caracas y el interior, frenaría el conocimiento de la realidad de la represión.
Con la complicidad del innombrable secretario de la OEA, José Miguel Insulza y de los adláteres chavistas, logró cerrar las puertas de la OEA. Primero se opuso a que la OEA tratara la situación venezolana tal como solicitó Panamá, reaccionando con insultos groseros contra el presidente Ricardo Martinelli y rompiendo relaciones diplomáticas con nuestro país.
Pero ahora la Comisión de Derechos Humanos de la OEA anula su ridícula postura, al convocar jornadas de audiencias públicas para oír las versiones plurales del Gobierno y la oposición y sentar las bases de un diálogo civilizado que acabe el derramamiento de sangre. La fiscal general de Venezuela, Luisa Ortega, ha reconocido las brutalidades policiales.
Un oficial de la policía ordenó a gritos que no detengan a periodistas, fotógrafos y camarógrafos que concurren en busca de noticias. El Gobierno cerró las transmisiones del canal colombiano NTN24 y negó el paso en el aeropuerto de Maiquetía a Patricia Janiot, de CNN.
Pero Maduro ha perdido la batalla de la libre expresión. Ha perdido la calle. Ha perdido la credibilidad internacional porque no puede impedir que se conozcan en el mundo los trágicos acontecimientos venezolanos, la bancarrota del sistema financiero, la quiebra moral de los valores fundamentales de la democracia. Nunca un país recibió tanto dinero del extranjero, pero pese a los ingresos millonarios, creó tanta pobreza.
Miles de venezolanos y panameños asistieron al Concierto por la Paz de Venezuela. En la Cinta Costera resonó la voz del presidente Martinelli, reiterando su solidaridad con el pueblo venezolano, en la lucha contra la barbarie chavista. En algún momento se harán públicas las pruebas documentadas de la entrega de dinero de fondos chavistas al candidato del PRD.
Hasta el momento, Navarro no aclara los vínculos destapados por Maduro. Es conocida la descarada intromisión en los asuntos internos de países de la órbita chavista.
En el aeropuerto de Buenos Aires, una funcionaria de Aduanas sorprendió a un funcionario con un maletín lleno de dinero. Chávez tuvo las manos metidas en la entrega de armamentos a la guerrilla, venta subsidiada de petróleo y gasolina a Cuba, Nicaragua y el Caribe, subsidios bolivianos disfrazados de cooperación. Esto es una realidad que ya se divulgó en el mundo entero. Una realidad que venció las balas de la represión.