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Derroche oficial


Una mezcla de indignación y vergüenza es lo que ha producido la noticia de que altos funcionarios se gastan tres millones de balboas en autos lujosos en lo que parece ser una carrera de competencia entre vanidosos ministros, viceministros y directores de entidades gubernamentales para demostrar quiénes ostentan los más valiosos.

Hemos manifestado antes y repetimos ahora que carros de lujo deben ser cuestión excepcionalísima para escasos funcionarios de alto rango y agregamos que no deben pasar de los cinco dedos de una mano.

Países amigos nos han hecho donaciones de dinero para fortalecer nuestras instituciones. De los Estados Unidos de América, acabamos de recibir diez millones de dólares para reforzar por tierra, mar y aire nuestra vigilancia contra el narcotráfico. ¿Queremos acaso desalentar a éste y a otros generosos colaboradores con Panamá?

El señor Presidente de la República tiene ahora una bella oportunidad para imponer el orden y terminar con el actual derroche de dinero en la compra de autos lujosos. En el mercado hay muy buenas ofertas de unidades entre quince y veinticinco mil balboas y en consecuencia, con cien mil de ellos, podrían comprarse cuatro o cinco.