¿Desaparecerá el libro?
En una de mis acostumbradas lecturas matinales, vespertinas, diurnas, nocturnas, ¿a qué hora? Realmente no lo sé. Pero llegó a mí. ¿Qué cosa? El libro, el periódico, una perspectiva: te lo juro, después de leerlo (el artículo, creo) no sé qué era. Bueno, sólo sé que “era una vaina ?diría Pernett y Morales, en aquella la famosa Loma ardiente y vestida de sol? que es una vaina ponerse a definirla”. Sin embargo, me toca. Aquí estoy frente a una página en blanco que hay que llenar. ¿Cómo? Sí, señores, quinientas palabras. Se produce el parto, un hombre pariendo. Recordarán a Sócrates, ¿no dijo él eso?: ¡la mayéutica, oye!
La prensa me proveyó un artículo (dije que era un artículo) interesantísimo. El título: “Papá, ¿qué es un libro?”. Sí, páginas olorosas cosidas, encuadernadas, con imágenes, sin imágenes, con fuentes de todo tipo. ¿Acaso hemos profanado el santuario? ¡Cuidado con las Erinias!1 ¡Cuidado he dicho! ¿Con quién dormiré?. Estaba acostumbrado a hacerlo en la cama, ¡qué placer!: leer.
Son cambios vertiginosos. Son otros días. La sociedad pide más, exige más: es la juventud, el divino tesoro de Darío, ¿te acuerdas?: el nicaragüense, el modernista. Mira, hace poco tiempo, apareció el ordenador, tecleábamos como pollitos al maíz, pero aprendimos a ser veloces, autómatas (¿estúpidos?), pulsateclas…
Ahorita, cuando venía en el auto, creo que era un taxi, sí, esos señores a los que hay que suplicarles lo transporten a uno de un lugar a otro, ¿se llaman taxis?, descubrí un invento impresionante: el BlackBerry. Uno de mis alumnos, ¡mis queridos alumnos! (Albert Einstein, quinto de la lista del sexto Ciencias de la mejor escuela de Panamá: sí, allí trabajo yo) me lo presentó: “Prof, es una computadora portátil (¿laptops?). Todo es más fácil. ¿Libros digitales? Sí, los obtiene cuando quiere. No tiene que ir a la biblioteca ni librería”. Entonces comprendí el artículo (verdaderamente un artículo). Ya no eres el mismo. Te has encarcelado en una pantalla. Te compran más; te prefieren así. ¡Ah!, y pensar en “De todos mis amigos / el libro es el mejor, / porque me enseña cosas / que no sabía yo”. Comunicación versus incomunicación.
¿Qué te has hecho? El niño preguntó: “Papá, ¿qué es un libro?”. El padre respondió: “Eso que estás leyendo en tu celular”. ¡Que no me toque el desprecio!
(1 En la mitología griega, personificaciones femeninas de la venganza, que perseguían a los culpables de algunos crímenes. También Euménides, Furias, ‘diosas ctónicas’ (del inframundo), ‘ejecutoras de las leyes’ y, para que se oiga bonito, ‘venerables diosas’.)
Está bien, es hora de aceptarlo: el presente se ha convertido en el futuro. Todos prefieren el libro digital (¿electrónico?). ¡Qué barbaridad! Si es tan divertido acariciar. A propósito, allí, en tu “teléfono”, no se cuelan “haiga” (¡cuán famosa eres!), el “habemos” de una ministra, “pero mas sin embargo” (eso equivale a “María tiene sed pero no hay agua”). ¡Dios nos libre! Es que leemos menos. Dedicamos poco tiempo a la lectura. Hacemos muchas cosas al mismo tiempo.
¡No me resigno a perderte! Abanderan la idea (¿libérrima?), pero yo seguiré leyendo el papel: me obligo a mí mismo, me lo impongo (¡aquí no aplica el delito ecológico!), fresco, oloroso repito. Digan lo que quieran, mi libro está escrito en aquel material hecho de árboles. Ahora subo a dar mi clase. ¡Llevo en mis brazos tres libros famosos!
