Desarrollo de la investigación
*Pedagogo, escritor, diplomático.
Una motivación antiquísima de la investigación es la curiosidad. Los investigadores quieren entender el mundo y orientarse en él. Buscan leyes de validez general que les ayuden a comprender la multiplicidad de los fenómenos. Y es que a los investigadores les urge actuar. Sienten la necesidad de ejercitarse en la resolución de problemas difíciles. Antes, se investigaba individualmente. Pero hace alrededor de un poco más de una centuria se suele cultivar el desarrollo científico colectivamente.
Los hombres no solo quieren orientarse en el mundo; sobre todo, tienen esperanzas. Los ciudadanos esperan de la ciencia aportes importantes y útiles para resolver problemas existentes y para realizar sus deseos. Es sobre todo por esta razón que hay tal voluntad general de realizar investigaciones amplias y financiadas hasta con recursos estatales. Se quiere, más que nada, influir positivamente en el curso de los acontecimientos, combatir enfermedades, evitar guerras, aliviar injusticias, y estar menos sometidos y menos tensos, así como ser más independientes de otras personas e influencias externas.
¡Hacer algo positivo! ¡Crear algo duradero! ¡Hacer algo diferente y superior a lo de siempre! ¡Cambiar tradiciones anacrónicas, derribarlas incluso! ¡Hacer algo mejor que nuestros mayores! El deseo y el afán por la investigación son propios del hombre. Le son inherentes y forman parte de su naturaleza. Hoy es posible tropezarse a menudo con la opinión de que los hombres están corrompidos por la economía y por los medios de comunicación. Son inducidos -se dice- por la publicidad a consumir cada vez más y a comprar más productos, sin tener en cuenta si estos son necesarios y útiles o no. Puede ser que haya algo de verdad en eso. Pero nos parece que hoy en día está demasiado de moda buscar la culpa del propio fracaso en los demás.
Actualmente, el desarrollo pareciera ser objeto de exigencias desmedidas por parte de la mayoría de las fuerzas sociales, que lo consideran panacea universal. Se oyen cosas como: “Queremos ganar más, ergo, la economía debe crecer”, o “el crecimiento económico es la única solución posible al problema del desempleo”. A la larga esto no puede resultar bien.
Por otra parte, los hombres siempre aspirarán a hacer algo mejor. En este sentido siempre habrá transformaciones, aun cuando ya no haya casi posibilidades de crecimiento. Por eso, no debemos identificar innovación con progreso o desarrollo. Debemos aprender en cambio a entender las palabras en el sentido de mejora. Entonces sí podemos decir: ¡Sí a la innovación!
La investigación aporta ideas para diversas aplicaciones: para nuevos productos, para nuevos procedimientos, para nuevas regulaciones de la convivencia humana. La investigación ofrece información general a aquellos que toman las decisiones y a la opinión pública que los controla. El científico debe plantear los problemas en forma comprensible; en los casos en que ello no sea enteramente posible, debe ser un intermediario honesto.
La investigación hace posible el análisis de las consecuencias; aporta argumentos para formular prevenciones y alternativas. Hay que tener presente que la voz de alarma ante las consecuencias del progreso proviene la más de las veces en primera instancia de los científicos.
En la investigación, sin embargo, no hay que abarcarlo todo; no hay que buscar lagunas por todas partes, sino apoyar aquello que puede derivar en alguna utilidad. Tal principio no vale, por cierto, cuando no se quiere desarrollar un campo dado por la investigación misma, sino por eventual aplicación. Entonces es legítimo enviar gente joven a institutos extranjeros, a que aprenda allí cosas que entre nosotros no puede aprender. Pero a su regreso al país esta gente debe encontrar una patria espiritual: un entorno que los impulse a lo nuevo, que facilite y fomente lo nuevo.
También deben iniciar investigaciones con ánimo de cuestionamiento sano, sin querer derribar íconos solo por el mero placer de derribarlos, pero estando dispuestos a desechar antiguos paradigmas y esquemas mentales si se llega a determinar, objetivamente, que los mismos se han vuelto obsoletos o anacrónicos. A través de nuestra experiencia, nos hemos convencido del valor de la formación a través de la investigación: con tesis de licenciatura, de doctorado y aún ulteriores.