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Desasosiego y pobreza

Por: Redacción 14/10/2015

Sin horizontes claros, el ser humano se derrumba. Más allá del desarrollo de los pueblos, muchas veces nos invade un tremendo abatimiento que nos deja, ya no solo sin verbo, también sin nervio para eximir el corazón de tanto desasosiego.

Valemos por lo que nos entregamos en la construcción de un orden político, social y económico, que sirva mejor al ser humano y que ayude a la ciudadanía a desarrollar su propia dignidad.

Nos alegra que Naciones Unidas haya pensado en esta construcción de futuro, sustentada por la vía de eliminar la pobreza en todas sus formas y, a la vez, sostenible en la medida del empeño que pongamos en la donación. La motivación, el Día Internacional para la Erradicación de la Pobreza (17 de octubre), una onomástica que ha de comprometernos a cada ciudadano, sin obviar a ninguno, cada cual eso sí con sus responsabilidades, para que el planeta mejore armónicamente, tanto en prosperidad como en equidad. Nuestro objetivo, por propia humanidad, ha de concebirse como un bienestar para todos, universalizado, y no únicamente para unos pocos privilegiados, que encima son avarientos.

Si es detestable esa avaricia coleccionista por parte de los que lo tienen todo, que aún quieren más, o esa otra avaricia espiritual que tienen los que sabiendo algo no procuran la transmisión de sus conocimientos, también es indigno dejar pasar o dejar hacer, en cuanto al tráfico de individuos con alma. Por eso, es también una buena noticia para calmar este desasosiego mundializado, que el Consejo de Seguridad autorice la inspección y apresamiento de barcos que trafiquen migrantes. El documento insta a los países y organizaciones regionales cuyos buques de guerra y aeronaves operan en altamar y en el espacio aéreo frente a Libia a que permanezcan atentos al tráfico de migrantes y trata de personas y les alienta a intensificar y coordinar esfuerzos, en cooperación con las autoridades libias. Es hora de que las personas podamos nivelar la dignidad por encima del nivel del miedo.

Es un signo esperanzador que la Agenda 2030 para el desarrollo sostenible coloque en su centro a las personas y el planeta; proveyendo a la comunidad internacional de un ímpetu que necesita para trabajar todos en conjunto, a fin de abordar los enormes desafíos a los que se enfrenta la humanidad, incluyendo los relacionados con el mundo del trabajo. Debemos proseguir en la búsqueda de soluciones frente a esta globalización del desasosiego y de la desesperación en la que subsisten multitud de personas a las que se les niega, por principio, el acceso a los servicios sociales, la seguridad económica, el trabajo decente y la protección social.

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Miércoles 29 de julio de 2026

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