Desbloqueo
La primera ronda de negociaciones diplomáticas entre Cuba y Estados Unidos muestra altibajos previsibles. Los avances comerciales propuestos por Estados Unidos tienen terreno propicio, pero los derechos políticos encuentran resistencia entre los representantes cubanos. Resultará complicado levantar al mismo tiempo el bloqueo norteamericano y el comunismo cubano. No siempre van de la mano el descongelamiento económico e ideológico, tras más de 50 años de desentendimientos de dos sistemas antagónicos. Las relaciones diplomáticas de Estados Unidos con China y Vietnam demuestran el pragmatismo de Gobiernos. Al servicio de los presidentes republicanos Richard Nixon y Gerald Ford, el secretario de Estado Henry Kissinger negoció un nuevo estatus sumamente difícil quo que no condicionó cambios ideológicos al intercambio comercial. Pero en el fondo de los corredores políticos subyace la convicción de que la economía libre de mercado producirá innovaciones políticas en forma lenta pero progresiva.
Sin embargo, los detractores de las relaciones diplomáticas con Cuba, tanto como en los legisladores republicanos como en la disidencia cubana dentro y fuera de la isla, piensan que la apertura de las relaciones comerciales fortalecerá al Gobierno cubano sin retroceder en el campo de los derechos humanos. La reanudación de nuevas rondas diplomáticas permitirá establecer hasta dónde podría avanzar una posible flexibilización del sistema político. Los hechos muestran que el régimen de partido único con sus secuelas de controles ideológicos y la prescindencia de opositores prevalecen en China y Vietnam, mientras China es el principal socio comercial de Estados Unidos y Vietnam incrementa acuerdos en la misma área asiática.
Obama y sus asesores de política internacional están actuando dentro de una perspectiva de largo plazo en el plano ideológico. Los disidentes cubanos exigen cambios inmediatos del sistema político que los lanzó al exilio o los persigue y encarcela en la Isla. El razonamiento cortoplacista tiene varias caras; propone la suspensión inmediata del régimen comunista de opresión. Pero muchos veteranos del exilio han muerto, en tanto que las nuevas generaciones de hijos y nietos de cubanos se han radicado en Estados Unidos y han perdido identidad; algunos se comunican en inglés. Cuba es un asunto sentimental; la tierra de los abuelos los induce a volver a la Isla. Faltaría ver si dejan Estados Unidos para probar suerte en la Isla antes de los cambios políticos, en los que se formaron. La oposición isleña se ha dividido entre los que aspiran a que Estados Unidos condicione el desbloqueo a las modificaciones políticas y los que reconocen que se ha dado un paso histórico, a partir del cual vendrán transformaciones de la sociedad cubana que vedan Fidel y Raúl Castro, pero que el resto acepta en secreto, pero no revela por obvios temores.
Obama recibe las embestidas de los republicanos que no pueden negar que las relaciones con rusos, chinos y vietnamitas fueron llevadas a cabo por gobiernos del partido. Los senadores republicanos de origen cubano toman el problema como un compromiso de familia, prescindiendo de antecedentes. Son como los rusos del exilio que acabaron como porteros de los hoteles de París. Cuba es una papa caliente que algún día llegaría a la búsqueda de una salida provisional. Rusia tiene problemas. China no se interesa en un país sin materias primas. Para Cuba no hay otra salida que Estados Unidos.