Descentralización: proceso delicado
La descentralización es un proceso político delicado que requiere control administrativo y fiscalización desde el inicio para poder realizarlo con posibilidades de éxito. Esto le da la debida viabilidad para asegurar que no vaya a terminar en un gran fracaso. En algunos países, hemos observado estos mismos ejercicios evolucionar desde una plausible iniciativa hasta terminar sin control en un fracaso total del cual luego hay que revertir gran parte del mismo.
Es esencial que los Gobiernos locales en las comunidades tengan capacidad para administrar fondos y proyectos que generen, orientados a satisfacer las necesidades primordiales en sus comunidades. La capacidad necesaria en estos Gobiernos locales tiene que ser creada antes de iniciar un proceso de descentralización, como el control de fiscalización mediante un grupo de funcionarios que ejerzan la auditoria interna de los recursos utilizados.
En Panamá, se intenta aplicar lo indicado en la ley de descentralización como sus objetivos, adoptar un esquema que pasaría parte de los impuestos inmuebles nacionales a los municipios para realizar obras utilizando los recursos entregados por el Gobierno central. Se habla de entregar medio millón de dólares a los municipios más pobres. Al parecer, lo que intentan es una desconcentración administrativa, ya que Gobierno central mantiene el control general por falta de capacidad de muchos pequeños municipios.
La pregunta fundamental es ¿estamos preparados para este concepto de descentralización en Panamá? Y esta pregunta surge porque en Panamá, la actividad del clientelismo político es práctica muy común. Es muy posible que estos recursos sean desviados por representantes y alcaldes, lo que daría al traste con los objetivos de desarrollo inicialmente perseguidos.
Ya conocemos la experiencia de los diputados de la Asamblea Nacional, que recibieron ingentes partidas circuitales, recursos entregados por el Gobierno para propósitos muy similares a los que pretende la descentralización. Hemos visto las dificultades administrativas que se han tenido para lograr una rendición de cuentas sobre el uso de estos dineros por parte de diputados y representantes de corregimientos. Esta misma situación podría suceder en la implantación de la descentralización (o desconcentración) administrativa de fondos, de forma similar a dichas partidas circuitales.
Es necesario capacitar a los funcionarios municipales para promover el mejor manejo de estos recursos descentralizados, pero al mismo tiempo establecer una debida fiscalización del uso de los mismos. La Contraloría ha tenido siempre dificultades en fiscalizar el desempeño de juntas comunales. Ahora se le daría mayor trabajo a esta institución y el problema se agrandaría. La solución más viable es reforzar las labores de auditoría interna en cada uno de los centros municipales. Sin estos controles, la descentralización tal como se enuncia, tendría grandes visos de convertirse en un gran fracaso administrativo y en otra fuente de mal uso de fondos del Estado. No se debe hacer tal descentralización hasta no estar preparados debidamente con todos los cabos atados.