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Descentralización y política

Por: Redacción 21/10/2015

Frente al reciente debate sobre el tema de la descentralización resulta oportuno hacer algunas reflexiones en torno a este tema. Las mismas, que se presentan a continuación, buscan llamar la atención sobre la naturaleza de la propuesta presentada por el actual gobierno, la cual terminó consensuada por el conjunto de la partidocracia. Además, se trata de establecer cuáles serían las características de una auténtica descentralización.

El actual proyecto de descentralización concebido e impulsado por el gobierno de Juan Carlos Varela representa un intento de utilizar este concepto para consolidar un régimen clientelista, en el que los recursos públicos se utilicen con fines electorales. Su objetivo no es, por lo tanto, potenciar la participación de la población en el desarrollo de sus propias comunidades, sino legalizar la vieja práctica de clientelismo financiado con el uso corrupto de los fondos que pertenecen a toda la sociedad.

...SOLO TRANSFIRIENDO PODER A LAS COMUNIDADES ORGANIZADAS, DOTÁNDOLAS DE LA CAPACIDAD REAL DE EXIGIR LA RENDICIÓN DE CUENTAS Y DE PROTAGONISMO EN LA ASIGNACIÓN DE RECURSOS, ES POSIBLE ATACAR CON EFECTIVIDAD A LA CORRUPCIÓN.

Un hecho, ampliamente discutido en la literatura destinada a analizar el proceso de desarrollo, está dado por el impacto de lo que Gurnard Myrdal llamó la causación circular y acumulativa. De acuerdo con esta visión, la diferenciación geográfica entre las áreas de mayor desarrollo y las de menor éxito económico tiende, por la lógica del sistema, a elevarse a través del tiempo. La forma de repartición de los recursos propuestos en el proyecto del presidente Varela, en la que no se da la suficiente redistribución de los mismos hacia las áreas de menor desarrollo relativo, simplemente llevará a la continuidad y ampliación de la heterogeneidad del país, fortaleciendo así uno de los rasgos más visibles e inconvenientes del subdesarrollo.

El modelo de financiamiento propuesto, basado en lo que se conoce como un impuesto con destino específico, tiene un claro sesgo que puede llegar a perjudicar seriamente a los sectores populares y a las clases medias, pese a las reformas cosméticas introducidas al proyecto. En efecto, este da lugar a una institución con una estructura de incentivos que, por su particularidad, va a tender a generar presiones para que se eleven los impuestos a los bienes inmuebles, por lo que va a terminar impulsando la política de acumulación por desposesión vinculada con la práctica expropiación de las viviendas de diversos sectores, incluyendo los de la clase media.

Es importante que los sectores progresistas no solo estén en capacidad de criticar el actual modelo propuesto de descentralización. A nuestro juicio, quienes han seguido la ruta de la crítica sin una propuesta alternativa no ayudan a desarrollar uno de los aspectos más importantes del enfrentamiento con el neoliberalismo: la presencia de un programa nacional, democrático, popular y ambientalmente sano.

Para quienes soñamos con una sociedad solidaria, capaz de desarrollar todas las potencialidades de los hombres y mujeres que hacen parte de nuestra sociedad, la descentralización bien concebida representa una necesidad. Tal como lo ha destacado Marta Harnecker, "el protagonismo popular se transforma en una mera consigna si la gente no tiene la posibilidad de pronunciarse en los espacios donde participa (espacios territoriales, centros de trabajo, centro de estudio, grupos de interés)". La descentralización debe entenderse, entonces, como un antídoto contra el burocratismo y el clientelismo, como una real y efectiva transferencia del poder hacia las comunidades organizadas y no manipuladas. Esta idea también debe ser practicada en las propias organizaciones populares, que deben ser una escuela de democracia, evitando el vanguardismo, el exceso de centralismo, así como el sectarismo.

El control social es, además, fundamental para el combate contra la corrupción. Solo transfiriendo poder a las comunidades organizadas, dotándolas de la capacidad real de exigir la rendición de cuentas y de protagonismo en la asignación de recursos, es posible atacar con efectividad a la corrupción. La consecución de todo esto tiene entre sus requisitos una verdadera descentralización democrática de los recursos.

Una adecuada descentralización solo se puede hacer con éxito si se establece con certeza en qué nivel social se optimiza cada una de las decisiones sociales. Quizás por esto el papa Francisco ha insistido en la idea de combinar la solidaridad y la subsidiaridad. Existen decisiones, así como puntos de asignación de recursos, que para optimizar su impacto benéfico sobre el bien común deben darse en diversos niveles de la sociedad. Esta distribución de niveles de decisión debe provenir de un amplio debate democrático.

Una descentralización bien llevada puede ser un instrumento de fortalecimiento de la democracia participativa, deliberativa y con protagonismo popular, en ese caso también será una forma de consolidar al Estado nacional, el cual se convertiría en un Estado al servicio de la población.

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Miércoles 29 de julio de 2026

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