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Descomposición


REDACCION / PANAMA AMERICA

El conflicto abierto y polémico del presidente y el secretario general del PRD oficializa la profunda crisis moral y política que divide al partido. El diputado Benicio Robinson, presidente del Comité Ejecutivo Nacional, aspirante a la candidatura de la vicepresidencia de la República, y el secretario general y candidato presidencial Juan Carlos Navarro se han encargado de clarificar la dimensión del antagonismo político y personal.

Las grabaciones internas de miembros del partido sobre amenazas de agresiones físicas y compra de votos con dinero y drogas; las peleas a puños por la jefatura de la bancada parlamentaria, y la elección del líder parlamentario sin la presencia del grupo discrepante demuestran que estos episodios forman parte del desmoronamiento general del liderazgo del PRD que se arrastra desde la candidatura de Balbina Herrera.

Los traumas de la aplastante derrota pudieron ser cicatrizados mediante una autocrítica que sometiera al análisis objetivo no solo el fracaso electoral, sino fundamentalmente la renovación de la estructura integral del partido creado por la dictadura militar.

Lo que aconteció es que no hubo autocrítica ni la eliminación de los vicios estructurales de antaño. Los militantes perciben que los dirigentes de hoy siguen los mismos malos pasos de la generación jurásica que intentó monopolizar el PRD. Solamente se produjo un cambio de personas, no de métodos. El primer paso de la toma de control fue copar el CEN y la secretaría general para dominar la maquinaria partidaria y envilecer las elecciones primarias con un candidato único.

Las consecuencias de la inescrupulosa lucha de grupos para dominar el partido a cualquier precio quedan a la vista. Estas amenazas intrapartidarias, compra de votos, broncas de patio limoso, rivalidades de grupúsculos son apenas la punta del iceberg de una corrupción oculta que continuará aflorando. No sorprende el brote de cismas, expulsiones, arrinconamientos, denuncias de manos peludas, intentos desesperados de cubrir con gasas las llagas en proceso de gangrena. Las maniobras de inculpar a enemigos externos se han ridiculizado por obra directa de los promotores de las mentiras.

¿Quién podría entregarle la conducción de un país que crece con los más altos indicadores económicos a políticos que ni siquiera pueden poner en orden a su propio partido? ¿Quién depositaría su confianza en una organización política socavada por el caos interno? La última palabra la dirá el electorado que, desde ahora, toma nota de lo que está pasando actualmente, y lo que viene sucediendo desde hace mucho tiempo en una curva de pronunciado declive.

La suerte está echada por la lucha de facciones que disputan el control como si se tratara de una reyerta de sicarios políticos dispuestos a destruir moralmente a los opositores del propio colectivo. La Asamblea Nacional puede ser el ringpara presenciar la continuidad de los guantazos provenientes del rincón del PRD. El divisionismo volverá a presentarse entre los que no se sabe si seguirán las directivas del nuevo jefe de la bancada o de los pocos dispuestos a acatar disciplinadamente las consignas de una dirigencia que no respetan. Amanecerá y veremos.

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Viernes 14 de agosto de 2026