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Descontrol previo


Una de las medidas más aplaudidas por la comunidad al inicio del actual gobierno fueron las realizadas en torno al problema de la corrupción. "Entran limpios y salen millonarios" se convirtió en uno de los lemas más rentables de la campaña presidencial de Ricardo Martinelli, pues la comunidad la creyó y la aplaudió a pies juntillas. Más todavía, cuando la persecución de los "peces gordos" del gobierno de Martín Torrijos parecía aproximarse a la realidad. Pero la promesa desapareció de golpe, o se transformó en episodio eventual, después que algunos dijeron que se trataba de una "implacable persecución política" y todo parece haberse detenido de forma imprevista. La comunidad vivió el veranillo de la promesa de la honestidad en el manejo de la cosa pública. Ahora resulta que el control previo, una de las medidas que garantizó detener en alguna medida el manejo discrecional de los recursos del Estado, ha devenido en incomodidad para los planes de desarrollo o la ejecución presupuestaria. ¿Puede garantizar alguien que con la desaparición del control previo, la administración y asignación de recursos transcurra por la senda debida? ¿Funciona esto así en el sector empresarial? El presidente Martinelli se ha apresurado a decir que el control previo se mantendrá, y la Contraloría se ha ratificado en ese sentido, pero el salto que dio el tema al debate público refleja que a lo interno de esta administración existen quienes piensan en la posibilidad de destrabar ese mecanismo de control, sabrá Dios con qué consecuencias.