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Descontrol risible

Por: Redacción 01/01/2015

Carcajadas, sarcasmos, críticas de grueso calibre recibe la afirmación del gobierno panameñista de que el control de precios sobre 22 productos de la canasta básica produce un ahorro de $63.11. Si esto fuera cierto habría que llamar a la gente de Ripley para que haga la certificación de la monumental hazaña. Pero si pide la opinión de las amas de casa, los productores, los comerciantes chinos, se recogería una lista de invectivas fuera de lo común.

Las frases recopiladas son dignas de escribirse en las lápidas de las tumbas de los sofismas económicos. La minuciosidad del cálculo con dólares y centavos podría impresionar a cualquiera que no va de compras a los mercados.

El control de precios ha provocado inflación, escasez y carestía tanto en los precios de la canasta básica bajo control cuanto a los productos desregulados por acción de un fenómeno económico que se presenta en donde se instrumenta el control. Si no fuera así, la mayor parte de los países del mundo habrían aplicado el control de precios; no lo hacen porque no pueden convivir las regulaciones y las desregulaciones en un sistema de economía regido por las leyes de la oferta y la demanda.

Históricamente, los controles de precios se aplican en los gobiernos totalitarios en forma integral y no a medias, o en situaciones de emergencia creadas por conflictos bélicos o turbulencias sociales.

El juegavivo del Gobierno consiste en bajar los precios de productos de bajo consumo, supuestamente, para beneficiar a las clases populares. Sin embargo, no se ha atrevido, por ejemplo, a bajar los precios de la libra de filete de carne vacuna, el queso amarillo superior, y la variedad de productos consumidos por la clase media de buenos ingresos.

La medida no fue consultada a los productores agropecuarios sometidos a crisis; a los dueños de las tiendas de chinitos que operan con estrechos márgenes de ganancias; a los transportistas que llevan las mercaderías de los centros de producción a los locales de expendio.

No se consultó a nadie porque el Gobierno no suele hacerlo, máxime si se trata de una medida política para ganar aplausos, creyendo que así pueden disiparse las críticas. Después de seis meses de experimentación, el control se extenderá por otro lapso similar para que el Gobierno se lave la cara por su precipitación demagógica y la carencia de estudios de mercado.

La Unión Soviética y la China de Mao Tse Tung implantaron controles drásticos que condujeron a la caída de la producción agrícola y a las compras de alimentos en el extranjero. La Federación Rusa desmanteló las granjas colectivas y ahora exporta granos.

Los cambios económicos chinos acabaron con las hambrunas engendradas por el maoísmo. Cuba y Venezuela son víctimas de controles estatistas y de su nefasta secuela, el racionamiento de alimentos.

Las jumboferias abarataron los precios dentro de un tipo de mercado desconectado de intermediarios. Pero, como las jumboferias se crearon en el gobierno anterior, el panameñismo las ha suprimido. A los consumidores les interesa comprar a bajos precios, más allá de las ventajas o desventajas de los partidos políticos. Los productores necesitan estímulos para sembrar las tierras y llevar sus cosechas a los mercados sin amenazas de embargo. Pero el Gobierno no les hace caso, porque no son panameñistas.

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Miércoles 5 de agosto de 2026