Desesperación por una botella...
La crisis por falta de agua genera una especie de histeria colectiva entre los consumidores. Llegar a sus hogares y no tener agua limpia y potable para tomar desespera a cualquiera y más a aquellos que son padres de familia.
En medio de esa desesperación salen ganando los comerciantes y las empresas que se dedican a procesar e importar agua embotellada. No es percepción es una realidad.
Durante el fin de semana y en las últimas horas los estacionamientos de los supermercados están repletos, los paqueteros y las cajeras no se dan abasto. Todos los clientes llevan cajas y cajas de agua embotellada, pocos se detienen a ver los precios.
El año pasado y principios de este, se abrió un fuerte debate sobre la calidad y los precios del agua embotellada.
Las empresas dedicadas al negocio estratégicamente, y como lo harían muchos comerciantes, ajustaron sus márgenes de ganancia ante la alta demanda de sus productos por los problemas en la planta potabilizadora de Chilibre. Fueron dos meses sin agua.
Los consumidores pagaron hasta 30% más de lo normal y los depósitos de los supermercados quedaron prácticamente vacíos.
En esta ocasión no ha sido diferente, después de tres días sin agua todo se ha vendido.
¿Cómo hacen las personas humildes? Muchos consumidores no tienen otra alternativa que consumir lo que sale del grifo.
El negocio que rodea el agua embotellada mueve millones de dólares. Es cierto, es un negocio, pero la diferencia es que este producto pasa de ser un lujo a una necesidad. El consumo en tiempo de crisis no es opcional sino vital.
Mientras el Instituto de Acueductos y Alcantarillados Nacionales sale de su eterna crisis y realmente se moderniza para garantizar agua potable 24 horas al día, los ciudadanos deberán incluir el agua embotellada en su presupuesto. Triste, pero todo esto ocurre en un país modelo para la región.
