Deshielo del Ártico
Prof. Emérito de la U. Complutense de Madrid
“Si nos parece que ahora hace calor, ¡esperad a que desaparezca el hielo ártico!”, alerta el explorador Lonnie Dupre. El Ártico, uno de nuestros termostatos, se encuentra más amenazado que nunca. Osos polares, lobos, caribúes y cientos de miles de aves migratorias están condenados a la extinción. El equilibro ecológico de la región está amenazado por el ritmo de industrialización y por la explotación de minas y yacimientos de petróleo. El calentamiento global ha descubierto las riquezas del Ártico: petróleo, gas natural, diamantes… Gobiernos y multinacionales han tomado posiciones. Su rápido deshielo amenaza al mundo y el botín del hielo ártico mantiene una guerra por la extracción de sus minerales, la pesca o una soñada ruta marítima que conecte el Pacífico con el Atlántico.
Este nuevo campo de exploración se estima esconde el 20% de las reservas de petróleo que quedan por descubrir. Hay una guerra por los nuevos caladeros de pesca, el mapa pesquero mundial cambiará y la extracción de crudo en el planeta, que ve cómo sus pozos empiezan a tocar fondo, mirará hacia el norte con avidez.
En enero, la extensión de hielo ártico ha sido la tercera más baja en ese mes desde 1979. El sector del petróleo, uno de los causantes del cambio climático y del deshielo, mira goloso el mar que se va abriendo en la frontera del Ártico.
Desde los años 60, las actividades en la Antártida están regidas por el Tratado Antártico, por lo que su exploración ha quedado consagrada a la cooperación internacional y siempre con fines científicos y pacíficos. En el Ártico no hay una legislación que prohíba las actividades lucrativas, ni un organismo que vele por la protección de este entorno debilitado y vulnerable frente a intereses destructivos. Científicos del Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente, aseguraron que el actual ritmo de desarrollo desembocará en un proceso de industrialización del 80% de la región para 2050, frente al 15% de la actualidad.
Hay preocupación por los planes de apertura de una nueva ruta marítima entre el mar de Barents y el estrecho de Bering. La llamada Ruta del Mar del Norte, un nuevo Canal de Suez, está destinada a acortar el tiempo de navegación, con sus 5,600 kilómetros, entre Europa, la península escandinava, Rusia y el lejano Oriente. Investigadores señalan que la ruta promoverá la explotación de petróleo, gas natural y minerales en Siberia, y aumentará el número de puertos, caminos y traerá consecuencias incontrolables.
Es preciso salvar el Ártico porque de esto depende la existencia de la vida en el planeta.