Desigualdad social
Desde la fundación de la República en 1903, subsiste una inveterada tendencia a segregar a los nacionales por su condición social y económica. La prodigiosa posición geográfica que el destino asignó a Panamá, ha sido motivo para la llegada de inmigraciones de todas partes y su consiguiente incorporación al usufructo de las ventajas económicas y sociales que produce la explotación de la zona de tránsito. Con las grandes obras que tuvieron ese propósito desde el siglo XIX (ferrocarril, canal francés y estadounidense), llegaron al Istmo oleadas de trabajadores, la mayoría pobres y sin calificación, que se incorporan a nuestra sociedad y de inmediato son víctimas de la marginación y la discriminación social por parte de las élites (también de origen extranjero) que rápidamente controlan la economía de la ruta de tránsito.
La burguesía capitalina, heredera de las ventajas económicas generadas por la propiedad de la tierra, las actividades comerciales, (unas veinte familias) dominan la zona de tránsito, sin la participación de los nativos del interior que subsistían del vasallaje y la explotación del patrón. A este grupo minoritario se le agregan las familias de inmigrantes europeos y norteamericanos que llegaron durante la construcción del canal y luego, al finalizar la obra canalera se hace presente un importante número de familias judías que controlan el negocio de importación y exportación. Tanto los inmigrantes antillanos, como los campesinos pobres y habitantes de las ciudades terminales, constituyen desde el principio de la República, la base poblacional explotada y miserable que pronto se convierten en mayoría. Los primeros sufren los efectos de la discriminación impuesta por los estadounidenses en el manejo de la zona del canal y luego pasan a ocupar los barrios marginados de las ciudades de Panamá y Colón; los segundos languidecen en la campiña, sin tierras para trabajar, con jornales de hambre, alejados de las ventajas de una educación liberal elitista, sin los beneficios de la salud y vivienda. Esta mayoría silenciosa, siempre manipulada por las clases dominantes se hunde en la pobreza y la desesperanza desde muy temprano en la vida republicana, en un país con una fachada de progreso pero con una realidad social deprimente en campos y ciudades.
Esta historia de marginación social de buena parte de nuestra población panameña, se hace más evidente en los últimos años, cuando un gran crecimiento económico, principalmente en la zona de tránsito, trasciende a las estadísticas internacionales. "Pero una cosa es la vida en esa opulenta 'Little Manhattan' que puede ser la Ciudad de Panamá y otra la de las barriadas o el interior del país". Dice una publicación reciente. Detrás de un boom económico que anuncia un crecimiento de 7 %, se esconde una realidad que muchos prefieren ignorar o negar.
Un 25% de la población panameña no tiene servicios sanitarios, un 5% no tiene agua potable, un 11% sufre de desnutrición. Más de 1 millón vive en pobreza y pobreza extrema.
Las abismales diferencias sociales que nacieron con la patria y que aún persisten, deben alertar a nuestros estadistas a generar políticas públicas que, en medio de la corrupción y el enriquecimiento de algunos, miren hacia una mayoría de panameños que languidecen en la marginación.
Profesor de la Universidad de Panamá.