Desinterés de unos por los otros
El ser humano está para armonizar, no para contraponerse a su propio linaje, y todo ha de tener esa confluencia de cohesión social entre culturas, etnias y religiones diversas. A lo largo de nuestra historia humana hubo pueblos dominadores y pueblos dominados, lo que ha dificultado enormemente la relación. Todavía, en nuestros días, cohabitan posiciones privilegiadas por la situación económica y social, lo que obstaculiza asimismo la concordia, por más que diseñemos ciudades para convivir. Las oportunidades de realización humana no llegan para todos, tampoco el acceso a servicios básicos, lo que acrecienta las diferencias entre ciudadanos, con lo que esto conlleva de conflictos ante tantas desigualdades de acceso a la tierra, al agua y a los alimentos.
Hace falta establecer un orden de convivencia y de colaboración internacional conforme al derecho natural o, si quieren, al espíritu moralista, en la medida en que esta estética moral nos hace más humanos. Ya lo decía, en su tiempo, Albert Camus: "Un hombre sin ética es una bestia salvaje soltada a este mundo", y no le faltaba razón en su célebre locución, puesto que de la vida individual y social hay que ascender a sociedades más fraternas con la estirpe. Las salvajadas con las que a diario coexistimos nos deshumanizan totalmente.
Por desdicha, el futuro no es muy halagüeño que digamos. Una sociedad que azota a los niños y a los mayores con un aluvión de brutalidades difícilmente va a poder llegar a buen puerto. Seguramente si fuésemos más autocríticos y menos adoctrinados, descubriríamos lo trascendental que es la vida en comunidad. Vayamos a la realidad más objetiva. Según cifras de Unicef, más de 1.7 millones de niños no pueden acudir a la escuela y 1.3 millones adicionales corren el riesgo de abandonarla. Entre las causas del ausentismo escolar, la citada organización apuntó la escalada de violencia, los desplazamientos de población y el incremento de la pobreza. En este sentido, el portavoz del principal organismo humanitario y de desarrollo dedicado a la promoción y defensa de los derechos de todos los niños del mundo, Christophe Boulierac, detalló las difíciles condiciones en que se encuentran algunos centros escolares: "Una de cada tres escuelas en Siria no puede abrir porque está dañada, destruida, da refugio a desplazados o se usa con fines militares. Desde el inicio del conflicto, en 2011, se han perpetrado más de 4,000 ataques a centros escolares y 151 mil profesores abandonaron el sistema educativo".
Por consiguiente, si vital es educar para adquirir conciencia del mucho valor que tiene una vida humana, no menos importante es educar para la coexistencia de culturas, para levantar la voz contra la discriminación o para concienciarnos del cambio climático.
Escritor