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Despedidas amargas y dolorosas

Por: Redacción 14/10/2013

Víctor Corcoba Herrero (opinion@epasa.com) / Escritor

Es cierto que las despedidas siempre duelen y máxime cuando uno tiene que forzosamente emigrar hacia otros horizontes en busca de una realización personal, un signo elocuente de los desórdenes y desigualdades que padecen muchos países, entre ellos España. La desesperante misiva de una científica al presidente del gobierno español (Amaya Moro-Martín), promotora de la plataforma de investigación digna, solicitándole, entre otras cuestiones, la devolución de la dignidad a toda la comunidad de investigadores, no puede dejarnos indiferentes. A mi manera de ver, una petición totalmente justa. Por desgracia, nos recuerdan otros tiempos pasados, en los que una multitud de intelectuales tuvieron que desesperadamente huir y dejar atrás los muros de la patria mía.

Los gobiernos no pueden seguir engañando al pueblo, creando falsas expectativas y generando multitud de conflictos en lugar de solventarlos. Así no se promueve el conocimiento. La desesperanza de los grupos de investigación de todas las universidades españolas es público y notorio. Algunos, demasiados a mi juicio, se les ha abierto la puerta como si su quehacer no fuese primordial y se les ha empujado para que se vayan. Mientras aumentamos las administraciones de políticos, aunque se estorben unos a otros.

Obligados, por políticas y políticos nefastos, vienen haciendo las maletas hacia otros espacios más considerados con la labor científica y con la escucha de sus peticiones, que no son otras que una digna remuneración acorde con su preparación académica y trabajo. Amaya Moro– Martín, la autora de la desconsoladora misiva pública, le devuelve los mil títulos al presidente del gobierno español, junto a otros documentos que describen mil sueños y caminos trazados a través del programa Ramón y Cajal, como son las actividades realizadas o el mismo compromiso de estabilización laboral.

Amaya Moro como tantos otros, seguirá haciendo ciencia, pero lejos de España, pensando que se tuvo que ir para poder subsistir. Y como en otro tiempo, sentirá una aguda nostalgia, de su ambiente y de sus compañeros científicos. El pueblo debe impedir que esta fuerza joven, que estos cerebros emigren, de lo contrario pagaremos una factura demasiado alta que no nos perdonarán las generaciones venideras. Para ello, será necesario desbancar a esta clase política, que han hecho de sus promesas el mayor negocio para sí, sálvese el que pueda, y buscar verdaderos servidores, dispuestos a darlo todo por enterrar tanta podredumbre.

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Miércoles 12 de agosto de 2026