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Desperdicio de alimentos

Por: Redacción 10/06/2015

En un mundo en el que se tira comida, el hambre de hoy es la más canalla de la historia. Porque, al contrario de lo que ha sucedido en otras épocas, se puede evitar. Mientras, más de 800 millones de personas en el mundo sufren esta afrenta, los cubos de basura se siguen llenando con toneladas de alimentos: recién recogidos de los campos, envasados, cocinados y crudos, por problemas de precios, de estética, de ineficiencias del sistema o de falta de concienciación. Por causas que son solucionables, porque hoy no existe un problema de producción, sino de reparto, aparte de una letal explosión demográfica.
Una treintena de expertos en la materia se reunieron en Oviedo para encontrar e implementar algunas de estas soluciones en el II Encuentro de la Alianza contra el Hambre y la Malnutrición de España. Para buscar soluciones, comenzaron por identificar las causas del desperdicio de los alimentos. Son múltiples y están en toda la cadena, desde el campo hasta la nevera del consumidor. Niki Charalampopoulou, miembro de la ONG Feedback Global, puso algunos ejemplos que muestran el absurdo en el que cae a menudo la industria de la alimentación. Una fábrica de pan de molde en el Reino Unido comercializaba su producto sin la impopular última rebanada, que en su mayor parte es corteza. Pero es inevitable producirla, así que cada día tiraba a la basura 14 mil de estas rebanadas. Su organización le propuso que la reciclase en comida para los cerdos. A partir de ese momento comenzaron a ahorrar unos 140 mil euros al año. Una cadena de supermercados comercializaba judías verdes en unos envases algo más pequeños que el promedio del producto. Esto hacía necesario cortarla por arriba y por abajo para que quedasen perfectamente emparejadas. El resultado era tirar a la basura casi un 10% del alimento, lo que se pudo paliar ajustando el envase. Los agricultores tienen que tirar de media entre un 20% y un 30% de sus cosechas por motivos estéticos o ajustes de precios.
En Europa está prohibido alimentar a los cerdos con excedentes o con cualquier producto hecho con proteína animal, como consecuencia de la crisis de las vacas locas. “Como resultado, importamos 40 mil toneladas de soya que se produce en Sudamérica y que deforesta la Amazonia”, lamenta la activista.
Siguiendo por el final de la cadena, existe una falta de concienciación por parte de los ciudadanos, que no perciben el desperdicio como algo negativo, sino incluso como un símbolo de estatus. La mayoría de los ciudadanos no tiene conciencia del impacto social y ambiental que supone tirar tanta comida. Hay una confusión entre valor y precio. Porque en una sociedad en la que los alimentos son baratos, tirarlos se considera una pequeña pérdida de dinero, pero no se tienen en cuenta otros factores.

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