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Devastación de la democracia

Por: Redacción 11/02/2016

En estos momentos cruciales por la cual atraviesa nuestro país, desearíamos fervientemente poder dirigirnos de manera optimista, pero las circunstancias existentes, propias del gobierno del presidente Juan Carlos Varela, no motivan ni entusiasman, sus actos políticos contrarios y desafiantes adversos a los ciudadanos no dan cabida a contemplaciones ni agradecimientos como un buen mandatario se merece. Sus propios aliados lo increpan y van expresando su malestar que se adueña de la mayoría de la población. Los órganos del Estado y las instituciones están atestadas de la corrupción que tanto mencionó combatir en su campaña. No escucha, no atiende eficazmente el clamor popular por erradicar este mal endémico que recorre y corroe la malograda democracia panameña. Ni siquiera sus pinceladas de cualquier obra buena cubren el lienzo gigante de las necesidades básicas de toda la ciudadanía, primordiales para el balance y desarrollo de la sociedad buscada, hoy día extraviada y escondida por las acciones gubernamentales. 
Básicamente, tal cual los fenómenos de la naturaleza están destruyendo el medioambiente que sustentaríamos como provocados por el hombre, de igual forma el presidente Varela está destruyendo el balance democrático. La Justicia se ha vuelto un antro de corrupción de las manos de la Asamblea y el Ejecutivo, los escándalos gubernamentales siguen avanzando,  no se detienen y se convierten en maratónicos, como las sonadas división de materias en las malogradas Instituciones como la incandescente DAS, el Miviot, entre otras. La capacidad de ejecución en obras fundamentales guardan estrecha relación con el epíteto ganado dirigido hacia la persona del presidente Varela.
El tema del agua, el cual el presidente aduce señalamientos inexcusables, bien sabido que teniendo un presupuesto quinquenal de más de diecinueve mil millones de dólares ($19,000,000,000 millones) para ejecutarlo, sustenta que no tenemos quinientos millones de dólares ($500,000,000 millones) para construir una potabilizadora en el Lago Bayano y dar en concesión la misma,  discurso reiterativo con el  ánimo de privatizar nuestro mayor recurso natural. Este gobierno se ha convertido en Estado fallido y que ha molido la estabilidad política, económica y social de nuestra Patria. Ni siquiera hay cristiandad en su actuar como lo solicita el papa Francisco con su aclamada Encíclica Laudato Si, documento para preservar y proteger nuestro avasallado medioambiente.
Debemos hacer suma reflexión. Los partidos políticos tradicionales empiezan sus luchas internas de cara a las siguientes elecciones, no les interesa los males preconcebidos, vigentes y futuros que padece nuestro país, para luego dar continuidad a su triunfo y mantener el status quo de la corruptibilidad institucionalizada. Una excelente propuesta sana, depurada, urgente es una constituyente originaria, para tener el instrumento jurídico que es una nueva Constitución política y que del consenso nacional emerja, nazca el principal freno contra la corrupción gubernamental. Así que debemos obrar y actuar con inmensa cautela y por esta y de una buena vez escoger al mejor que no ha llegado a la Presidencia en más de 27 años, de no ser así, seguirá la devastación de la democracia y seremos nuevamente reincidentes y cómplices de lo que siga sucediendo en Panamá. ¡Acción!
Ciudadano.

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