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Día de Reflexión

Por: Redacción 20/12/2015

El pueblo panameño es amante de la paz y frente a cualquier dificultad, trata de olvidar sus penalidades. Hagamos historia y recordemos aquel mes de diciembre de 1989 cuando el pueblo panameño, frente a una crisis económica que agobiaba sus ingresos, se la había arreglado para celebrar es Navidad.

Cientos de personas caminaban las calles de la principal vía céntrica de la ciudad de Panamá, como lo era la Avenida Central, donde diversos centros comerciales hacían verdaderas ventas, frente a una situación económica que repercutía a los panameños de todas las clases y sectores del país. Sin embargo, dentro de la entidad castrense, los rumores de una posible invasión estadounidense para llevarse a Noriega eran muy cercanos. Elementos de alta jerarquía internos allegados a Noriega conocían de los planes sobre una posible invasión, sin embargo, el pueblo panameño desconocía el verdadero genocidio que se avecinaba en la víspera de Navidad de 1989.

El pueblo panameño se preparaba para su Navidad y existía un estímulo navideño, pero en la medianoche del 20 de diciembre comenzaría la pesadilla más horrorosa que los panameños hubiesen vivido en sus vidas.

No podemos olvidar el pasado, es parte de nuestra historia, mas es necesario contemplar que Panamá ha logrado resaltar una imagen positiva en estos 26 años de vida democrática. Es verdad que ha mejorado estructuralmente en todos sus aspectos, pero en lo fundamental la valoración del sentido patriótico panameño de esta fecha y en el respeto humano, no se han visto buenos resultados.

La patria nos exige aprender más de nuestra nación, somos una nación libre e independiente. La enseñanza de los valores conlleva sacrificio dentro de cada hogar, donde los jóvenes y niños aprenden que los retos y desafíos son importantes en la vida, más si existe una voluntad que cada joven desea superarse para ser alguien aprendiendo más de su nación.

Los hechos acaecidos hace 26 años nos demuestran que es necesario amar más a nuestra nación donde fluya el respeto, la tolerancia, la igualdad y la justicia. De esa forma, los panameños aprenderán a valorar lo bueno que heredamos de nuestras generaciones. No debemos vivir en el pasado ni olvidarlo, pero sí debemos perdonar y mirar que hay un futuro mejor por nuestra nación. Los jóvenes que dieron sus vidas en 1959 y 1964 lo hicieron con orgullo, con respeto, con dignidad. Pensaron que algún día Panamá sería una gran nación con verdadero sentido patriótico. Ojalá que los jóvenes panameños valoren ese gran esfuerzo de aquellos jóvenes que deseaban lo mejor por Panamá.

Comunicador Social

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Lunes 27 de julio de 2026