Día Mundial del Consumidor
Hoy se celebra el Día Mundial del Consumidor, ocasión propicia para exaltar los derechos y deberes de los consumidores. El momento es oportuno igualmente para referirnos a la denuncia que hace unos días interpusieran algunos consumidores a los supermercados y abarroterías por vender carne sin información, en el sentido que ninguno cumplía con los requerimientos legales que establecen que los productos cárnicos deben comercializarse haciendo referencia a si el producto proviene de un ganado de calidad o de descarte.
Esta situación resulta inverosímil en pleno siglo XXI, tiempo en el que los consumidores supuestamente debiéramos recibir información veraz y oportuna sobre los productos que consumen. Esta situación además de reflejar una cultura de oscurantismo, es una broma de muy mal gusto y demuestra claramente que, en ausencia de controles oficiales, los consumidores siempre llevan la peor parte.
La denuncia por la falta de información en la venta de carne en los establecimientos comerciales no pudo haberse registrado en un mejor momento. Precisamente en el 2011 se celebra el año de la información y a pesar de que la ley data desde el siglo pasado, la información al consumidor a veces nunca llega. El derecho a estar informado es uno de los pilares de la economía de mercado. Desde hace años, primero con la CLICAC y la Ley 29 de 1996 y luego con la ACODECO y su Ley 45 de 2007, las autoridades han encontrado una gran cantidad de agentes económicos que incumplen con las normas de protección al consumidor, y que se empecinan en seguir sus viejas prácticas abusivas de desinformar, incluso de alterar las características y el peso de los productos.
Sobre este particular, la Iglesia y otras organizaciones defensoras de los derechos humanos se han pronunciado en el pasado y han destacado que los derechos del consumidor son de carácter universal y pueden convertirse en un efectivo mecanismo para restablecer el equilibrio entre los agentes económicos y los consumidores, especialmente si estos están desamparados y son de escasos recursos.
Desde un inicio, velar por el bienestar de los consumidores ha sido una labor titánica. Se han hecho esfuerzos y educado a la población para que eleven sus quejas y hagan denuncias cada vez que observen situaciones que limitan la información, impidan la libre competencia, restrinjan la libre concurrencia o atentan contra cualquiera de los derechos del consumidor. En los países desarrollados con una mayor cultura de consumo, la divulgación de estas denuncias por parte de los medios de comunicación y las instituciones oficiales se ha convertido en una estrategia para obligar a los comerciantes a competir de una forma más transparente, con equidad y respetando los derechos del consumidor. La información que las instituciones y los medios inyectan al mercado es precisamente la necesaria para equilibrar la balanza cuando esta marca a favor del comerciante, cuando en realidad ésta debiera estar siempre en el centro, de una forma equilibrada.
Ni el Gobierno nacional, ni las autoridades competentes y mucho menos las asociaciones de consumidores organizados debieran permitir que los revendedores de carne pasen por alto su obligación de informar cuando un pedazo de carne proviene de un novillo cachetón o de una vaca escuálida de descarte. Es cierto que en Panamá existe un libre mercado y que a nadie se le obliga a comer carne de una calidad específica.
Pero en ausencia de información veraz y oportuna, el consumidor queda a merced de la buena voluntad de los agentes, y todos sabemos que los comerciantes sólo buscan su propio beneficio (Adam Smith, 1776). Por eso exhortamos al MIDA, MINSA y ACODECO para que intervengan de inmediato y busquen los mecanismos para equilibrar el mercado de carne. Igualmente, deben hacer lo propio para erradicar los contratos en blanco, las cláusulas abusivas, la publicidad engañosa, los precios fantasmas, los pesos inexactos y otras faltas que afectan el bienestar de los consumidores. Como consumidor exijo mis derechos y demando información veraz y oportuna. ¿Y usted, ya exigió los suyos?
