Diálogo o imposición
La historia ha demostrado que el diálogo sincero, entre iguales, en búsqueda de consensos y no diálogos maquillados, son los que producen acuerdos e instituciones duraderas, aceptadas por la sociedad porque esa es la forma de concretar el pacto social de Hobbes y Rousseau.
El Tratado de Versalles que puso fin a la primera guerra mundial, creó la Organización Internacional del Trabajo como una estructura de diálogo tripartita que, entre otras cosas, se proponía garantizar la paz social. Lo mismo ocurrió al término de la segunda guerra mundial, al crearse la ONU en 1946.
En Panamá, en 1992 surgió como un mecanismo de diálogo, la Fundación del Trabajo, integrada por representantes de trabajadores y empleadores. Cuando los trabajadores enfrentaron el posible aumento de la edad de jubilación, se abrió un proceso de diálogo que culminó en consensos que permitieron resolver el problema sin mayores traumas sociales.
Desde hace un año sin embargo, los diálogos desaparecieron de la agenda gubernamental, bajo declaraciones de que no vamos a co gobernar con nadie, etc. Porque no se entiende que la administración moderna o gobernabilidad democrática se caracteriza por la rendición de cuentas, la transparencia y la participación y gestión de la sociedad civil en las decisiones de gobierno.
Los pueblos eligen a los administradores del Estado, no a los mesías o caudillos que los guiarán como Moisés a través del Mar Rojo. El conocimiento para solucionar los problemas de la comunidad no es patrimonio de nadie y los gobiernos son pasajeros mientras que las necesidades sociales son permanentes.
La OIT aprobó el Convenio 144 sobre consultas tripartitas para atender los temas laborales, lo que no ha ocurrido en la gestión de gobierno actual, que provocó dos trabajadores muertos y cientos de heridos en Bocas del Toro y ahora, después de esas muertes y de un mea culpa que no los revivirá, proponen diálogos en los que no hay confianza, debido a los antecedentes.
Hace meses se organizó un show mediático (cabildo le llamaron algunos) en respuesta a la solicitud de organismos internacionales de considerar a la sociedad civil (lo cual como era de esperarse, no sirvió para nada). Además de la ley chorizo muchas otras leyes han sido impuestas en contra de la opinión de la mayor parte de la población (eliminación de la estabilidad en el sector público; la ley carcelazo; reformas a la legislación penal antes que entre en vigencia el sistema acusatorio; y todas las normas de la ley de la policía; del tribunal de cuentas; de la ley de contrataciones públicas, de la ley del medio ambiente, etc, que la Ley chorizo contiene).
Mientras no hayan muestras de desear y promover la necesaria consulta a través del diálogo efectivo, que se expresa en derogar la ley chorizo, no se puede confiar en los diálogos en donde hasta los mediadores son impuestos.
