Diario de un extranjero: legado del bosque tropical de Panamá
Hoy 26 de junio de 2011, con motivo de la celebración del Día Internacional de los Bosques Tropicales quiero compartir con ustedes esta sencilla narración.
Muchos relatos nacen de una hazaña, otros para invertir en un sueño y otros por mera coincidencia.
Por eso la fantasía y la realidad se conjugan para formar una bella armonía de letras. Donde el lector es el único que juzga, si la aventura escrita cala en sus sentidos o en su conciencia.
Un grupo de turistas camina por el verde bosque del istmo atravesando un vasto ecosistema en Isla Monos, donde abundan aves, reptiles, mariposas y mamíferos adornados con brillantes pieles, sutil mezcla de sepia y tornasol.
De fondo una ligera llovizna, que hace eco de las voces de los dueños del lugar. Los sonidos juegan con el paisaje. El cielo y los árboles danzan entre su música y el viento despierta el olor a vida.
Uno del grupo reposa en un tronco, que le sirve de descanso a la larga caminata que ha efectuado por este paraje, descubriendo entre un montón de hojas secas y mojadas un libro viejo que se mimetiza en el área.
Para su gran sorpresa, tiene en su portada la inscripción malograda por el tiempo “Diario de un Extranjero 1501”.
Su mente cuestiona ¿cómo es posible que se haya preservado una fuente literaria de tiempos remotos? Su curiosidad hace mella la razón. Exclama, ¡irreal!, ¡será cierto!, anécdotas de 1501…
Inicia su lectura …1501 he llegado al lugar más hermoso que jamás puede observar, animales que conviven armoniosamente en un paraíso sin igual.
El calor del día, la humedad de la tarde y el frío de la noche hacen que me sienta vivo. Este terruño sin límites a la imaginación debe ser valorado por todas aquellos que pisen su suelo.
La fauna y la flora me deleitan la mirada, su caudal nutre los lagos adyacentes, hogar de especies no conocidas en otras latitudes, lugar cristalino, libre de impurezas.
Al contemplar esta belleza hago un pacto con la naturaleza para que esta tierra sea próspera, sus generaciones fructíferas y sea pulmón de nuestra descendencia. Donde grandes vapores surquen sus aguas, donde su tierra cumpla sueños y sus mares acorten distancias. Que la mano descuidada del hombre no toque sus riberas.
Contemplar este paraíso, de paredes verdes de jardines colgantes, virgen, inhóspito donde la mirada de Dios, se posa y refleja su pupila en la aguas de sus manantiales definitivamente merece ser llamado Panamá … “Palabras premonitorias o una ilusión que se escapa”...Asiente el lector.
Toda esta descripción traslada al turista a una aventura en contacto con sus sentidos. A un viaje lejano donde el ir y venir de lo urbano no lo aleja de lo humano.
Sin medir el tiempo, llega al final de su lectura y se da cuenta que el libro no es de 1501, como hubiese creído por in instante, ¿cómo podría ser conservado?
Son solo las ideas que alguien, cualquier visitante, tal vez un soñador, depósito en ese sitio un 15 de enero, cuando circundó el área. ¿Olvidando sus apuntes? ¿Creando dudas? o dejando como legado a cualquier curioso que los encontrara la descripción más sublime y exacta del bosque tropical de Panamá.
Tal vez para que sus visitantes conserven la pulcritud de sus bosques y no olviden porqué nos llamamos y somos Panamá.
