Días claves
Manuel Antonio Noriega dejó el país hace 22 años. En ese momento, su régimen de terror y fama por violar los derechos humanos lo enmarcaban como un criminal de alto perfil.
El gobierno de Estados Unidos decidió intervenir en Panamá, el principal objetivo era Noriega; en esa acción militar sin precedentes en la historia del país murieron cientos de panameños humildes. Incluso todavía la cifra real de muertos es incierta.
Noriega es parte de la historia del país, sobre todo de esa época oscura en la que prevalecía la violencia por encima de la democracia. En estos años de cárcel, Noriega ha guardado silencio sobre sus actuaciones y crímenes que se le atribuyen. Amigos y colaboradores en Panamá han hecho carrera política y otros han desaparecido del escenario público.
Los ciudadanos esperan con recelo la llegada del exdictador, ahora anciano y con problemas de salud que lo han tenido al borde de la muerte, según cuentan allegados.
El sistema penitenciario deberá resguardar a Noriega en una de sus cárceles, bajo las mismas condiciones en que estuvo en Francia. Hábilmente, sus abogados intentarán recurrir a los tribunales de justicia para lograr alguna medida que le permita pasar el resto de su vida en su residencia. La medida que buscarán será la casa por cárcel, tomando como referencia su edad y basados en las leyes.
Las autoridades deberán respetar las leyes, no pueden violar ninguna aunque lo pidan muchos de los familiares y víctimas de Noriega. A diferencia de su régimen, Noriega regresará a Panamá, un país democrático que no puede irrespetar los convenios internacionales sobre derechos humanos. Esa será su lección más difícil, más allá de los sentimientos que puedan sentir sus víctimas.
