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Diciembre con días de armonía y noches de paz

Por: Redacción 23/12/2016

 

La brisa del mes navideño llegó con la ventisca de muertos por asfixia y narcomafia, medidas antitranques que pasan con más pena que gloria y el eco de un "Black Friday" con sabor a Otto, pero también con la esperanza de que los jamones, pavos y piernas de cerdo bajen a precios de jamonilla populachera y que el paquete del oloroso guandú no compita con el café gourmet que ha llegado hasta los $300 por libra.

¿Qué es lo que más le incomoda al panameño en estas fechas? Que sigan las peleas entre extranjeros altaneros y maleantes, que nos corten la luz o el agua, que nos boten de nuestros trabajos so pretexto de la difícil situación que atraviesa la economía o que les adviertan que habrá tanta lluvia y peligre el "blower" de las damas que participarán en las fiestas de Navidad y fin de año en sus respectivas oficinas.

Sí, en este mes es cuando más pensamos en comprar últimos modelos de auto, televisores, "smartphones", ropa de marca para celebrar y el dichoso arbolito proveniente de las tierras de los Trump, que por barato, supera los $30 en la puerta del supermercado y que puede costar más de 150 maracas si te das la vueltita por las canchas de la yeyesada.

Hace poco me comentaba un joven músico, Luis Carlos Pérez (que con su familia organiza una serie de presentaciones musicales que denomina "Jazz en Belén"), que de alguna manera se debe hacer algo por rescatar lo que de veras importa en la Navidad: la unión familiar.

No se trata del arroz con guandú o el arroz con pollo, los tamales, la ensalada, la chicha de saril, el pavipollo y demás. Estamos en un mes en donde debemos compartir lo bueno que tenemos todos como seres humanos y regocijarnos por lo que realmente significa la fecha, incluso por encima del fanatismo religioso o del falso sentir que se apodera de cada verso mal entonado del villancico preferido en español o inglés.

Este mes es muy importante para todos, no porque paguen el décimo, o porque debemos regalarle algo a la "viejita", sacar la salsa navideña a todo volumen, comprar pintura para la fachada de la casa o por pretender gastarnos un billetón para complacer el ego de nuestros pipiolos y creer que con esto expiamos la culpa de nuestro mal comportamiento como padres.

Es un mes ideal para acordarnos de algo muy básico: el amor que no conoce fronteras y se entrega al prójimo en días de armonía y noches de paz.

Periodista

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