Difícil realidad
En las últimas semanas, las huelgas y cierres de calles han sido constantes. Hasta pareciera que las acciones de presión están coordinadas.
Primero fueron los gremios médicos, junto a una de las asociaciones que agrupa a funcionarios de la Caja de Seguro Social. Decretaron una huelga a pesar de haber recibido un aumento general de salarios, la medida se extendió por varios días y no fue hasta finales de esta semana que se logró un pacto.
Casi seguido, los gremios docentes deciden lanzarse a las calles y protestar por lo que ellos consideran abusos por parte del Ministerio de Educación, sobre todo en lo relacionado a la transformación curricular y los salarios de los docentes.
En esta ocasión, además de la marcha que realizaron los docentes, también anunciaron un paro nacional y otras medidas de protesta. Su posición es radical y sus exigencias las mismas de siempre.
Mientras esto sucedía, en las montañas del oriente chiricano, un grupo de indígenas se enfrentaba con la Policía reclamando la cancelación de un proyecto hidroeléctrico. La situación generó tensión en esa zona del país.
Paralela a esta manifestación, los grupos estudiantiles universitarios en la ciudad capital deciden cerrar las calles y se enfrentan a la Policía Nacional desatando el caos en la primera casa de estudios superiores.
Como resultado de sus acciones violentas, las autoridades de la Universidad de Panamá decidieron suspender, hasta segunda orden, las clases para garantizar la seguridad en esta universidad.
Los revoltosos dañaron parte de las instalaciones de la universidad y afectaron automóviles de personas inocentes que pasaban por el lugar cuando se registraron los enfrentamientos.
¿Qué viene ahora? No es de sorprender que los sindicatos también quieran protestar y llamar a la rebelión en las calles.
