Dilema de difícil solución
La educación es la inspiración ardiente de destellos luminosos, muy parecida a una estrella fulgurante, que promueve las profundidades del alma, motivando las uniones neuronales en procesos de estrechas correspondencias, sujetos vinculados a los acoplamientos, procesando los lucrativos rendimientos, obteniendo la afloración del pensamiento exteriorizado en las ideas moderadas.
Este fenómeno causante de una extraña revolución interna es el elemento vital sumario en ofrecimiento del hombre preventivo y astuto, cauteloso y emprendedor, en el que las virtudes ponderan en todos sus niveles. En este vuelo estruendoso animado por los estremecedores delirios de lo desconocido, obtenemos el nuevo producto pulido, sustraído del silencioso e inculto universo privado de los conocimientos.
La educación es la luz que irradia destellos de glorias triunfales, sin esta licencia, no podemos navegar por las aguas turbulentas de los ignotos océanos. Es procedente actuar en el desarrollo de estas actividades fundadoras del pensamiento con el debido equilibrio positivo, pretendiendo no lacerar los libres albedríos del ser pensante, tierno y sensitivo en esas horas de amor reflexivo, exigiendo el trato especial atinado, en la búsqueda del contacto con el común denominador tan codiciado, como fin último formativo y razonable.
Debo antelar el mantenimiento del ideario connotado, asesorando las grandes esperanzas, tendientes a concadenar el logro del conjunto universo preciado, donde las mayorías panameñas puedan capturar con rapidez las lucrativas prestancias, hábitos y destrezas dedicados a la óptima cosecha del hombre y la mujer preparados, brindando la debida utilidad a la sociedad donde viven. Tenemos que proscribir los comportamientos oprobiosos y denigrantes de poderes nefastos en la cultura que empieza a dar los primeros pasos hacia un primer mundo de tendencias tecnológicas.
La educación es el proceso integral de atractivas sustancias creativas, inspiradas en el accionar de la sabiduría, a la hora precisa e indicativa en que el rayo de luz rompe los parámetros establecidos por el modelo en función. País grande es aquel que ha lanzado el movimiento intuitivo asistiendo a los funerales de la ignorancia y de ipso facto a la vera del camino, aparece el índice admonitor erecto mostrándonos el rumbo del triunfo.
En el común andar tropezamos con acontecimientos que mueven el desastre, uno de ellos, la deserción de los padres del hogar, resultando los hijos heridos en la humillante conflagración vergonzosa y degradante. Son las generaciones postreras las que conducirán a cuestas las afrentas desagradables cargadas de indignación, avanzando lentamente sobre el viejo puente, llevados del viejo pasamanos de la capitulación. Es obvio que el crecimiento económico nos traerá como consecuencia, el proceso armónico del desarrollo social. Esta es la simple simbiosis en la que ambos promotores se abrazan, ofrendándose el frenético beso para la posteridad, como muestra de gratitud eterna, en carrera vertiginosa hacia los predios del éxito demarcado. El hogar seleccionado, las virtudes acrisoladas y los hábitos complementarios exquisitos son los máximos exponentes, para formar el individuo condicionado por la sociedad acogedora que pretende obtener las mejores cosechas benéficas perseguidas a través de los años.
El padre de familia comete un gran pecado extendiéndole el juego al joven de hoy, como un recurso salvador y unificador en la defensa por la vida. Debo explicar aquí que nos encontramos con las habilidades adquiridas, determinadas por el ambiente social, a saber, la conducta positiva, la decencia arraigada, la honestidad prudente y la responsabilidad coherente, son galardones afines de una crianza excelente; las habilidades y destrezas, ya ellas son excepcionales viniendo con el alma del niño al nacer. Por esto existen experiencias contraídas, otras innatas, todas las cuales pueden ser afectadas si el ambiente es nocivo y el hogar hostil. Tenemos que recordar que el rol del maestro es de guía, cuyo proceder será rememorado hasta la eternidad. El buen maestro no se olvida jamás, y sus indicadores como lumbreras no se apagarán nunca. Hasta el presente, mis maestros son joyas inolvidables que en ningún momento borraré de mi mente, por ello relucen ante el tiempo que enlutese, agarrotado de restricciones.